PRIMER DÍA: UN RETRASO, UNA PÉRDIDA Y UN OBJETIVO (FLORENCIA)

Escrito por rakelclemen 17-06-2018 en Vuelo retrasado. Comentarios (0)

PRIMER DÍA: UN RETRASO, UNA PÉRDIDA Y UN OBJETIVO (FLORENCIA)

Te puedes ir a un destino a dos horas de vuelo y tardar lo mismo que si viajaras a la otra punta del mundo. Eso me pasó con el vuelo Bilbao destino Roma, que se retrasó tres horas (por una supuesta tormenta en Barcelona, que era de donde tenía que llegar nuestro avión). La compañía para compensar la espera, que a mí se supuso perder dos trenes que ya tenía comprados desde hacía unas semanas, me dieron un vale para comer y beber algo en el aeropuerto.

Primero me reboté, y más cuando la azafata me dijo entre dientes: “Escribe una reclamación en la página web.” Dando a entender que me olvidara del asunto porque nunca obtendría respuesta (Sigo esperando respuesta). Luego decidí liarme la manta a la cabeza y comprar un frapuccino de moca, que hacía años que no tomaba uno. Pues ahí empezó el jaleo, que la chica me pregunta que si lo quería con café y le respondo que pues claro (pues la moka tiene café). El drama siguió con que el vaso era de plástico, con que cuando la chica me preguntó si quería con café en realidad ella quería decir que si lo quería con nata (no me gusta nada la nata). Continúo con el chico poniendo medio kilo de nata en mi frapuccino, así que ya no le dije que “sin tapa, por favor” porque se desbordaba por todos los lados la nata, pero decidí ser firme en el “sin pajita, por favor”.

Así que después de toda esa secuencia de despropósitos pues el mayor de todos fue intentar tomar el mejunje ése sin pajita. Como resultado obtuve una mancha en el vaquero, otra en la mochila grande, otra en la pequeña, salpiqué el banco donde estaba sentada y cayeron dos gotitas minúsculas en la maleta del hombre que me miraba como si yo fuera Mr Bean. Así que como ya daba bastante el cante decidí limpiar el banco, ignorar las dos manchitas de la maleta del hombre y volver a mi asiento original en la otra punta del aeropuerto. Con tan buena suerte que cuando ya estoy sentada y pienso: “Esto ya sin nata está chupado, ahora a disfrutar.”, la familia con la que había estado hablando anteriormente me pasa la información de que tenemos ya puerta de embarque y que hay que irse ya. Así que yo pensé “No fastidies. ¿Qué hago yo ahora con la mierda ésta?” Pues siguiendo mi línea de ideas desacertadas del día (no será la última) decidí tirarlo por el baño y marchar corriendo a la puerta de embarque… Pues no os lo vais a creer, pero me volví a manchar al echarlo por el baño. Todo esto yo sé que fue el karma, por comprar en una franquicia, usar plástico, tirar bebida por el baño,… eso o simplemente que estaba un poco estresada y no atinaba.

Por fin llegué a Roma. Ahí ya me tocaba ir en tren a la estación de autobuses y pillar el bus a Florencia (menos mal que había esta opción barata, porque el tren me salía un pico si lo pillaba el mismo día.) Pensaréis: “Pues no le ha ido tan mal a la chavala”. Bueno, pues es que aún no os he contado un pequeño detalle…

Normalmente, en cuanto salgo de España ya no tengo cobertura, lo que ha supuesto que yo cambiara de tarjeta SIM en más de una ocasión y un millón de historias más que no vienen a cuento. Pero esta vez sí iba a tener cobertura, eso me habían dicho… Total, que aterrizamos y yo que llevaba todo el día desquiciada del nervio (no me funcionaba ni el Reiki, ni el yoga, ni la respiración profunda ni nada de nada, que yo estaba más al borde de la hiperventilación que de nada más) veo que el de al lado está escribiendo y dale que te pego al móvil. Así que decido quitar el modo avión y mi móvil todo lento (desde mi punto de vista poco realista del momento) y el italiano todo el rato “tiquitiquitiqui” escribiendo, y mi móvil muerto, ni recibía, ni mandaba señal alguna. Y yo me digo. “No pasa nada, mujer, esto como el ordenador, apagar y encender.” Pues hale ahí en mi punto “loca perdida” que enciendo el móvil, meto una contraseña y me dice el móvil: “contraseña incorrecta, vuelva a intentarlo”

o lo que sea que pone el móvil, que tampoco me lo sé de memoria. Y ahí ya sí que pensé que tenían que llamar a la Cruz Roja o algo para asistirme, porque mi mente ya se había bloqueado y ni idea de la clave. Así que me digo: “Bueno, Rakel, lo importante es llegar a Florencia.” Así que eso hice, y en el bus a Florencia me puse a chapurrear, en castellano, inglés o no sé ni qué hablaba yo a esas alturas, con una chica para que me prestara su móvil para avisar a mi amiga en qué bus llegaba. Así que 6 horas más tarde de lo previsto mis pies pisaron Florencia. Había salido a las 8 de la mañana de mi casa y había llegado a las 12 de la noche a mi destino. Eso sí, feliz y contenta de ver a mi amiga Ainara. ¡Por fin empezaban mis vacaciones de verdad de la buena, sin estrés…!