EN TANGA Y A LO LOCO Y OTRAS HISTORIAS PARA NO DORMIR

Escrito por rakelclemen 10-10-2016 en TANGA. Comentarios (0)


Por todos es sabido que tengo tendencia a que me sucedan cosas para que no me aburra pero es posible que esta vez me haya superado a mí misma. Empecemos…

Entre otras excursiones hicimos una chulísima en mi primer domingo allí con todo el grupo de voluntarios a un Hot Spring. Fue genial bañarnos en un lugar casi paradisiaco después de viajar en un dala-dala de alquiler con la música a todo volumen (y cuando digo a todo volumen quiero decir que retumbaba todo, incluida yo misma). Al final ir allí era sólo una excusa para pasar juntos un rato de diversión.  Poder fotografiar el Kilimanjaro con mucha claridad, ver por primera vez baobabs mientras Mariajo nos contaba su leyenda, o simplemente compartir un rato de risas con todo el grupo que en poco tiempo se iría reduciendo en número fue perfecto.



El Kilimanjaro (El techo de África) crea expectación, te dan ganas de verlo continuamente y cuando lo divisas entre nubes a lo lejos es una alegría. No sé si sería capaz de subir hasta su cima, y dudo que vaya a intentarlo nunca dado que una expedición se me escapa de presupuesto. Así que se nos ocurrió que tal vez podríamos hacer algo adaptado a nuestro bolsillo. Así que Ale, Gemma, Carol y yo fuimos hasta Marangu (desde donde se comienza la que llaman la ruta de la Coca Cola) con la intención de ver el Kili desde sus faldas. Puedo decir que la excursión mereció la pena mucho, vimos una cascada chulísima, bebimos una especie de cerveza de plátano que hacen en la zona y visitamos una cueva-tunel Chagga, por lo que aprendí un montón sobre una nueva cultura que desconocía completamente. Este grupo étnico tuvo muchos conflictos con los masáis a cuenta de las tierras y por ése motivo construyeron los túneles, para esconderse de ellos con sus familias y ganado. Todo interesantísimo, pero a las 5 de la tarde no había ni rastro del Kili, es más no llegamos a verlo hasta que estábamos en el dala-dala de vuelta a casa.


Mi última excursión fue de fin de semana con Ale. Nuestra idea era llegar a Pangani un pueblito de la costa que debe tener unas playas preciosas. Por hacer un resumen, porque nos pasaron tantas cosas que contar todo se haría demasiado largo, nunca llegamos hasta Pangani y tuvimos que quedarnos en Tanga. Y aunque suene a fracaso, el haber conseguido llegar hasta allí fue una hazaña auténtica. Tuvimos que coger un piki-piki desde el barrio donde hacíamos el summer-camp hasta la estación de buses. Como habíamos perdido el autobús a Tanga, el que nos vendió los tickets, Ale y yo fuimos en piki-piki hasta que llegamos hasta el autobús (creo que pocas veces he pasado tanto miedo en una moto). Como se nos hacía de noche tuvimos que dormir en Tanga y cuando fuimos al hotel que tenía en internet 4 habitaciones libres, descubrimos que estaba lleno. Pero como todo tiene solución en esta vida nos acomodaron un colchón en la recepción detrás de un sofá y todos tan contentos. Finalmente dormimos en una cama pues por lo visto había una habitación libre.




Al día siguiente no nos fue mucho mejor, ya que nuestra idea de llegar a Pangani la dejamos por imposible y nos quedamos en Tanga. La verdad que fue genial nadar en la playa (a pesar de las medusas gigantes) y poder tostarnos al sol durante un ratito. El atardecer fue impresionante y la cena que nos metimos en el cuerpo para rematar el día no tenía desperdicio. Todo esto mientras arreglaba el tema de mi vuelo cancelado para el día siguiente…

Por supuesto el domingo volvimos a perder el autobús pero esta vez lo pillamos en dala-dala. Otras ocho horas de vuelta para llegar hasta casa. Supongo que así leído suena a locura y pérdida de tiempo, pero la verdad que ha sido uno de los mejores fines de semana que he tenido este año. Llegar a casa me apenó un montón porque suponía el fin de mi viaje, hacer la mochila y poco más.

Sé que me he dejado a gente por mencionar en todo lo que he escrito: Martinha, Bakari, Sandra, Joscky, Eneko, Dhulla, Upendo, Juan y un montón de personas más que se han cruzado en este caminar por Tanzania. Sin cada una de estas personas, sin el paciente James, sin mi loquita Ale, sin mis médicas aventureras, sin ni mi feliciana Carol este viaje no habría sido tan especial. ASANTE SANA A TODOS Y TODAS, gracias por haber formado parte de mi vida y ojalá la vida vuelva a juntarnos pronto.