DE RIBADEO HASTA SANTIAGO. CASI FIN DE CAMINO

Escrito por rakelclemen 03-07-2016 en CAMINO. Comentarios (0)


El camino siempre es especial, hacer el camino es como hacer un repaso a la vida. Un día te levantas bien, enérgica, con ganas de hacer 30, 40 kms y al día siguiente te sientes cansada, con los pies doloridos y ganas de recorrer como mucho 5 kms. Pero como sucede en la vida, coges tu mochila, que siempre pesa más de lo debido y llegas hasta donde tenías pensado llegar, bajo la lluvia, bajo el sol, entre la niebla, con lo que toque…

La magia del camino es que puede que empieces andando sola, como ha sido mi caso y en una cuesta comiences a adelantar a otros peregrinos, conozcas a gente que se conviertan en tus compañeros de camino por unos días. Yo tuve la fortuna de conocer a Julia y Toba, una pareja de Tenerife, y con ellos llegué hasta Lourenzá.

Y el conocer a esas personas cambió mi modo de vivir en el camino. Ellos cocinaban en los albergues, cosa que yo jamás había hecho. Y así comenzó mi ruta gastronómica por Galicia, con ellos y dos chicos de Bilbao, Bitor y Javi. Mondoñedo con su impresionante catedral, paisajes increíblemente verdes y vaquitas, acompañaron mi ascensión hasta Gontán. Una etapa durilla por ser casi todo el tiempo monte hacia arriba. Como recompensa comí pulpo con Javi, un chico de Madrid muy majete, con el que caminé hasta Santiago.

De Gontán a Vilalba nos separaban 22 kms, pero que se me hicieron eternos. Caminamos muy despacio, al ir todos juntos parábamos más, y al final se nos juntó el calor con un tramo de carretera abrasador. El día más corto, se convirtió en el más largo. Vilalba es bastante bonito, tiene un par de zonas interesantes, como el parador y un paseo junto al río, donde han habilitado dos playas artificiales.

Caminar hasta Baamonde, 20 kms, se pasó como un suspiro, a las 11.30 ya estábamos esperando en una terraza a que abrieran el albergue. Este día me encantó. Por una lado el albergue era genial, pudimos hacer una comida entre todos muy buena, dar un paseo al rio y finalmente, como cierre del día visitar la casa museo de Victor Corral. Víctor es un escultor bastante conocido en Galicia, en Vilalba consiguió que no talaran un árbol tallando la imagen de la Virgen en su tronco. Su casa, diseñada por él, es una preciosidad, con jardín, esculturas realizadas con distintos materiales. Realmente merece la pena visitarlo y que él te cuente sus historias, desde que era pastor hasta que se convirtió  en escultor. Estoy segura de que ha tenido una vida apasionante, al menos esa es la sensación que transmite él. Te hace sentar en su trono de piedra para tener una foto con él, un hombre peculiar y al mismo tiempo entrañable.

El día siguiente fue todo lo contrario, llegar hasta Roxica, 27 kms, bajo un sol de justicia se hizo largo, especialmente la última hora. Pensar que has llegado a Roxica y comprobar que aún quedan dos kilómetros y  llegar a la conclusión de que Roxica se traslada de sitio porque no te salen ya las cuentas de kilómetros. Allí no había nada, y había todo. Estaba solamente la casa de Elena y su marido con sus animales. Así que tocó día de tranquilidad, charlando con Elena, y con algún otro peregrino. Atrás habíamos dejado a la pareja de Tenerife, que llevaban otro plan de camino y seguíamos juntos el camino los vasquitos con el chico de Bilbao.

Al día siguiente caminamos hasta Boimorto, pasando el lago de Sobrado, el monasterio de Sobrado Dos Montes. Boimorto no tiene mucho, pero el albergue de peregrinos está muy muy bien, es amplio, limpio, nuevo…una vez más volvíamos a estar poca gente. Qué maravilla respirar tranquilidad, paz, poder leer, descansar… Paz que se acabaría pronto, pues al día siguiente enlazábamos ya con el camino francés y restos de caminos. En ese punto aquello parecía Benidorm, peregrinos y más peregrinos, gente y gente caminando con mochilas, sin mochilas, gente de todas las edades y países. Me gustaría haber podido disfrutar de ese nuevo contraste, pero no quería salir de mi zona de tranquilidad. Aún siendo noche de San Juan, en O Pedrouzo me sentía cansada para salir a tomar algo o ir a ver la sardinada que organizaban, así que continué con mi rutina de leer y dormir. Al fin y al cabo al día siguiente tocaba llegar a Santiago y recibir a mis amigas que se unían a esta pequeña aventurilla.


Atravesar Monte do Gouzo con la cascada de gente y entrar en Santiago no me hizo sentir especialmente emocionada. Cualquier otro día de camino me ha producido mayor sentimiento de alegría, emoción, de sentirme especial, de creer que realmente estaba viviendo algo mágico. Entré en la misa de peregrinos, pero confieso que no fui capaz de esperar hasta el final, después de visitar un poco la catedral fuimos al alojamiento a ducharnos y prepararnos para otra gran comilona. Para esa comida ya había llegado María, aires nuevos, nuevas ilusiones y un nuevo recorrido por hacer. Después de despedirnos de Javi el madrileño, de pasear un poco por Santiago,  hacer algunas compras para el día siguiente, fuimos a recoger a la estación de autobuses a Encarni. Ya estábamos el grupo de cuatro que haríamos lo que llaman el epílogo: Fisterra, Muxia… pero ése es otro capítulo para relatar.