EL BARCO VOLADOR DE PROVIDENCIA A SAN ANDRÉS

Escrito por rakelclemen 31-10-2017 en Providencia. Comentarios (0)


Después de nuestras andanzas por la calurosa Cartagena volamos a unas remotas islas que pertenecen a Colombia. Nuestro objetivo era Providencia, pero para llegar a Providencia hay que pasar primero por San Andrés.

En San Andrés, entre que nos alojamos en una casa muy cutre (según abrí el primer armario me salieron a saludar 3 cucarachas gigantes), que la primera tarde nos diluvió y no pudimos hacer gran cosa. Nos fuimos a Providencia con la sensación de que San Andrés había perdido la esencia de isla paradisiaca.

Para llegar a Providencia hay dos opciones, o una avioneta que tarda 20 minutos o un catamarán que tarda 3 horas dando tumbos continuamente. Ya había leído sobre ello, así que estaba preparada con mi biodramina, y además me tomé el “mareol” que me dio la propia compañía del catamarán (Cómo será la cosa para que te faciliten ellos mimos el mareol con un poco de agua y una bolsita de plástico). Sobreviví al frío bien tapada (ponen el aire acondicionado para los pingüinos) y a los saltos que daba la embarcación con los ojos cerrados, sin moverme y conteniendo la respiración cada vez que escuchaba que paraban el motor y salíamos volando.

Después del trajín del viaje, que bien merece una entrada al blog casi exclusivo, llegamos a una isla preciosa, verde, con casitas pequeñas, cabañitas adorables, limpia y con poca gente (Todo lo contrario de lo que habíamos visto en San Andrés) y un agua de un azul que hace daño a los ojos. ¡Impresionante! Al poco de llegar, la mujer del supermercado nos puso en contacto con su sobrino y terminamos haciendo un tour alrededor de la isla en  una barquita.


Vimos la Cabeza de Morgan en la isla Margarita, subimos a Cayo Cangrejo para contemplar el bellísimo mar Caribe y el arrecife de coral. Careteamos entre tortugas, nos acercamos a los 3 Hermanos (zona protegida porque en los cayos habitan un grupo de fregatas) y nos soltaron en el arrecife a hacer snorkel. Reconozco que aunque era precioso el momento, ver las formaciones de coral, los peces,… yo estaba totalmente en tensión esperando la llegada de tiburones. Por tres veces casi sufro microinfartos al notar que algo tocaba mi pierna. Por supuesto no era ningún tiburón, sino Gabi que nadaba a mi lado.

Al día siguiente Gabi buceó entre tiburones y yo me dediqué a caminar e investigar la isla un poco. Por supuesto los lugareños o me miraban con cara de “qué hace la tía esta andando por ahí” o se ofrecían a acercarme a algún lugar en moto. Creo que nadie me creyó cuando decliné sus ofertas y les dije que era que me gustaba caminar. Este paseo me permitió conocer más la isla, conocer a un chico que había nacido en las islas Caimán, a una pareja de Bogotá y terminar bañándome en Almond Bay.

Si vais a Providencia y  os gusta comer pescado, es una obligación y  un placer ir a la Playa Sur  a comer al Divino Niño y pedir un mixto. Eso sí, recomiendo ir sin haber desayunado, porque te ponen una bandeja de pescado con arroz, ensalada y patacones que no hay manera humana de acabarse. De hecho, nos llevamos las sobras para cenar y tampoco acabamos todo.

Nos tocó regresar a San Andrés. Esta vez el viaje no fue tan traumático, pero al llegar nos encontramos con que la isla (salvo las zonas más turísticas) llevaba sin luz todo el día. Así que nos tocó patear bastante para encontrar un sitio donde cenar y otro donde comprar algo para el desayuno del día siguiente. Esta vez nuestro alojamiento estaba muy limpio y mejor ubicado.


Con las esperanzas puestas en nuestra excursión del día siguiente, nos levantamos temprano y nos acercaron al lugar donde salen todas las excursiones (además del famoso catamarán). Mi consejo, haced cualquier otra cosa, pero no la excursión que hicimos nosotros. Todo el mundo la hace, y ése es el problema, que está toda la isla en los mismos sitios. Primero en Jonhy Cay (un cayo muy pequeño que terminará hundiéndose algún día con tanto turista) donde te dejan para que comas pescado y bebas coco loco a precio de turista. Después te llevan al Acuario. UN lugar muy bonito para vez peces y mantas raya, si no fuera por las miles de personas hacinadas, os juro que casi pisaba la gente a las mantas. Para colmo de males, cogen, literalmente, a la mantas para que la gente se saque fotos con ellas (me puse enferma sólo de verlo) y de remate nos cayó el tormentón del siglo encima, nos caían rayos alrededor y no se podía ver ni rastro de la isla de San Andrés, que la teníamos al lado. En el único sitio donde se estaba bien era debajo del agua. De la excursión me quedo con la experiencia de que pude hacer snorkel con mantas por primera vez en mi vida, pero sin tocarlas, ni darlas de comer.