LA SILUETA DE LOS MASÁIS ES ALARGADA

Escrito por rakelclemen 08-10-2016 en Masáis. Comentarios (0)

Ir por una carretera hacia Ngorongoro y ver a los lados, en zonas casi desérticas, pequeñas aldeas hechas con barro, troncos y paja, o rebaños de cabras guiados por niños masáis o simplemente a un par de masáis que parecen surgir de la nada con su silueta alargada y su manta de cuadros como única vestimenta, llama la atención. He pensado mucho sobre ellos, sobre lo que he visto y sobre lo que nos contaron cuando fuimos de excursión a una aldea.



La ignorancia me acompañaba en esta excursión; de los masáis sabía que saltaban alto, y tenía un ligero recuerdo de la película  La Masái blanca”. Película que cuando vi en su momento pensé “maldita loca… quedarse allí por un masái que ni conoce”. Sigo sin saber casi nada de ellos, sólo me quedé con algunos datos que nos dio David, nuestro guía masái. Los Masáis son una tribu asentada en distintas zonas de Kenya y de Tanzania, por lo que he podido leer y escuchar no todas las aldeas funcionan igual (depende de la zona y del patriarca), pero casi todas tienen puntos en común.

Generalmente en cada poblado está el patriarca (jefe del poblado) que puede llegar a tener hasta 15 mujeres y con cada mujer una media de 9-10 hijo/as. Cada mujer vive en una doma construida por ella misma con sus hijo/as hasta que se hacen mayores, el hombre va rotando de casa según su deseo.  Cuando nace algún hijo/a se hace una celebración pero nunca más vuelven a celebrar cumpleaños. En las celebraciones es típico hacer danzas y bailes como los que nos hacen a los turistas en nuestras visitas, para ello se adornan mucho y las mujeres se ponen unos collares muy anchos hechos con muchas piedrecitas.

A los cuatro años a los niños se les hacen unas marcas en las caras, a los 7 años les quitan dos dientes de abajo y a los 11 años se les empiezan a hacer un gran agujero en el lóbulo de la oreja. Los grupos de edad y sus funciones se reparten generalmente de la siguiente forma (siempre teniendo en cuenta que hablamos de los niños, no de las niñas). Hasta los 14 los niños aprenden cosas básicas como a cazar o cuidar de los rebaños (que no a leer ni escribir, ya que no asisten por lo general a ninguna escuela), a los 14 años se les practica la circuncisión en público a los niños (la ablación de las niñas es en privado y sólo presenciado por mujeres). De los 15 a los 40 son guerreros (van peinados con trencitas, llevan un cuchillo a un costado y muchas veces llevan una vara). Las niñas permanecen en la aldea junto a las madres hasta que las casan con un varón de otra aldea, preparan té, van a recoger agua para lavar, cocinar y hacer el té (en palabras de nuestro guía: “No hacen nada”). Podría dar más información pero no soy antropóloga y es muy posible que hasta haya puesto datos equivocados en lo que he escrito hasta ahora.


Vayamos a lo que ha sido nuestra experiencia masái. Llegamos Vicky, Saray y yo junto con otro grupo de chicas al pueblo donde nació David, nos hicieron bailes mientras cantaban las mujeres, tomamos té con los hombres, vimos cómo terminaban de matar y empezaban a comer una cabra después de beber algunos su sangre y nos fuimos a comer. Felizmente nosotras no comimos cabra, nos dieron unas cajitas blancas con comida. Al terminar de comer el guía nos invitó a dar las cajas a los niño/as de la aldea, y ahí ves a las criaturas rebuscando entre lo que yo no he querido comer y tirando la caja y restos al suelo para seguir con su vida como si nada. Visitamos una casa por dentro, hicieron los saltos los hombres, yo hice un amago de salto ridículo en el que no levanté ni medio palmo, y nos llevaron al mercado Masái.

El mercado  es un caos de hombres principalmente, vendiendo y comprando de todo, comida, animales, mantas, chanclas hechas con neumáticos,…. Allí habría acabado nuestro encuentro Masái si no hubiéramos decidido que era una gran idea dormir en un poblado Masái. Nos unimos a otro grupo de chicas y volvimos a ver lo mismo, los bailes, la casa, el té…el mercadito que te montan para que compres pulseritas o collares hechos por ellas (ya sabéis… las que no hacen nada).  Despedimos a otro grupo de chicas que estaban entre sorprendidas y espantadas con que nos quedáramos allí a dormir.

Pues resulta, para sorpresa de las tres,  que ahí empezó lo mejor, lo divertido, lo surrealista,… Tuvimos el placer de conocer al padre de David y de todos los niños y no tan niños de la aldea. Nos reunimos en una casita que se ha hecho el guía con sofá y todo, y allí empezaron a sacar té y más litros de té (¡Qué manera de beber té!, ganan a los ingleses fijo) y teniendo a David de traductor (ya que ellos hablan Masái) pues fuimos haciendo preguntas y conociéndoles a ellos un poco. No he mencionado hasta ahora que casi todos los hombres tienen móvil,… y muchos con internet…pero no es casual que esto lo haya dejado para el final, en breves retomo el tema. Y entre sus móviles, que si saco mi palo selfie y nos sacamos unas fotos, que si qué risas aunque no nos entendamos nada, que menos mal que somos tres haciendo la locura de quedarnos allí, que si esto es lo mejor de todo… pues nos dieron las mil. Dormimos en la casita de David, básica, pero con bastantes más comodidades que las que tienen ellos, empezando porque tenía luz (aunque nada de baños en toda la aldea que para eso está el campo). Duermes de aquella manera, por cansancio, y piensas la de mierda que llevas encima, lo sucio que está todo, en que colchón más mugriento, y que aún así eso es un “lujo” allí. Al día siguiente madrugón para ver el amanecer, paseo por la zona y vuelta a Arusha haciendo autostop porque nos íbamos de excursión con toda la cuadrilla a bañarnos a unas Hot Spring.

Y después de todas las risas, de que sales de la anécdota turística y te quedas pensando en esos niños pastoreando que no van a la escuela, en esas niñas que no salen ni de la aldea, en esas mujeres que no deciden nada, ni si quiera cuándo podrán dormir con su marido compartido y que se considera que no hacen nada (porque pasa como aquí, que las labores del hogar se consideran nada)… y se te cruzan esos pensamientos con nuevas imágenes de niños masáis pidiendo dinero en la carretera mientras vas en tu jeep de Safari, y con la impactante imagen de un hombre bajando la ventanilla de su coche y lanzando lapiceros a un par de niños que ha visto en el camino (sin pensar en el peligro de lanzarse así, sin mirar, sin ser conscientes de que les puede atropellar un coche, todo por un lápiz que utilizarán en no sé muy bien qué porque se supone que nadie les va a poner un folio delante)… Y pienso en esas niñas mutiladas contra su voluntad por una tradición… Y se me mezcla todo en mi mente y me pregunto: ¿Se puede conservar una cultura y a la vez educar a los niños y las niñas y que no trabajen con el ganado que es su sustento? ¿Qué dejamos en un su cultura y qué quitamos? ¿Ponemos el móvil, pero no ponemos escuelas?...Y la silueta de los masáis se vuelve cada vez más alargada en mi mente.