LANZAROTE (VIVIENDO EN EL APARTAMENTO DE LOS DESPELUCHADOS)

Escrito por rakelclemen 05-04-2016 en lanzarote. Comentarios (0)

Tenía muchas ganas de viajar, tenía mucha ilusión por visitar una isla de Canarias y sobre todo, tenía muchas ganas de desconectar de todo. Aunque no pasará a la lista de mi isla favorita sí pasará a la de viajes divertidos y que merece la pena compartir.

Nos alojamos en un apartamento en Puerto del Carmen estilo Merlose Place como decía Nuri, con nuestra piscina con agua helada y todo. El primer día llegamos de noche así que bastante tuvimos con llegar al alojamiento y deshacer las maletas. Al día siguiente lo dedicamos a Puerto del Carmen, después de hacer el check-in y de comprar comida (muy, muy importante) fuimos a la playa de El Pocillo. Allí ya descubrimos que calor, lo que se dice calor, no hacía, y menos con el viento que sopla casi continuamente (al menos en esta época del año). Día de playa y relax, ya que al día siguiente fuimos de excursión en el coche de alquiler.

El jueves fuimos a Timanfaya, bajo una fina y fría lluvia con viento. Hicimos el recorrido en autobús donde te cuentan la historia de la erupción, de Hilario, su camello y su higuera que nunca dio frutos. De allí fuimos, sin probar el pollo hecho con el calor que emana de la tierra ya que era muy temprano, a los hervideros (un rompiente al que llegar el mar con toda su fuerza) para finalmente llegar a El Golfo, donde hay una laguna verde a la que no se puede acceder por obras. Allí decidimos comer en un sitio muy pintoresco junto al mar llamado Siroco.

Por la tarde queríamos ir a playa Papagayo pero estaba cortado el paso así que terminamos en otra playa que se llama Playa del Quemado. Allí conocimos a un italiano que nos trajo una cáscara de huevo que supuestamente era de serpiente…, era un tipo peculiar. Yo me fui de ruta porque con el viento no había quien estuviera tumbado un minuto sin volverte loco con la arena.

El viernes fue otro día de excursión, ya que no podíamos perdernos los Jameos del Agua, ni la Cueva de los Verdes (el nombre de la cueva, que es volcánica por lo que no tiene ni estalactitas ni estalagmitas, viene de una familia de pastores que vivió allí. Finalmente fuimos al Mirador del Rio desde el que se ve la isla de la Graciosa. Por la tarde fuimos a Famara, playa famosa por las olas, y allí alquilé mi corcho hasta el domingo. Nos recomendaron para ese día ir a la zona un poco más Este así que acabamos en una playa que se llama La Garita, y de ahí fuimos de compras a Costa Teguise.

El sábado repetimos playa porque yo quería olas otra vez en  La Garita, todo fue bien hasta que me entró arena en un ojo, hecho que me ha dado guerra hasta ahora. Se me puso el ojo todo rojo y lloroso, como si me hubieran pegado… en fin, es el riesgo de estar en una playa con viento… por la noche fuimos a cenar en Puerto del Carmen a un nepalí que nos habían recomendado, el Himalaya, y la verdad que mereció la pena. Gracias a otra recomendación fuimos a tomar algo a Nazaret, a Lagoomar, un bar, restaurante discoteca y museo muy bonito y muy recomendable. Es como si fuera una especie de gruta con un lago en el centro, un pasadizo que da a la puerta de entrada… un lugar muy interesante para ver de noche (aunque también se puede visitar de día).

Nuestro último día y antes de ir al aeropuerto fuimos a Famara a devolver el corcho y a darme yo el gustazo de entrar al mar un ratito y bajar unas olas. La verdad que mereció la pena a pesar de la gran cantidad de gente que había. Y allí se nos acabó el viaje, breve, intenso y divertido…y bueno, sobre los despeluchados,…pues así bautizamos a los gatos que venían a visitarnos al apartamento y que la última noche nos encontramos durmiendo plácidamente en una de nuestras toallas, así eran ellos…despeluchados y pulgosillos… pero al final les cogimos hasta cariño.

Lo que son las cosas, aquí ando echando de menos el viento de la isla, nuestro apartamento con los gatos despeluchaos y a las dos buenas amigas con las que he podido compartir el viaje. Por las risas y por el respeto a nuestras diferencias, por eso ha merecido mucho la pena este viaje.