TAYRONA Y ALTA HUAJIRA

Escrito por rakelclemen 31-10-2017 en Tayrona. Comentarios (0)

Fuimos a Tayrona desde desde Santa Marta con Udo y Mónica (una pareja con la que hicimos el tour a Ciudad Perdida. Me encantó el recorrido hasta Arrecifes y La Piscina. NO llegamos a Cabo San Juan porque se nos hacía tarde (recomiendo quedarse al menos una noche para poder conocer todo el parque y sus playas tranquilamente). Careteamos (hicimos snorkel) y vimos peces muy bonitos entre unas rocas. Aquí es especial todo, desde que empieza el camino, en el que te encuentras monos, lagartos, pelícanos, una especie de nutria,…aunque lo que realmente me impresionó más fue encontrarnos esas rocas gigantes que invaden y caracterizan todo el parque. Yo me pasé todo el día preguntándome, ¿Porqué éstas rocas? ¿Por qué aquí y no en otro lugar? Es un lugar imprescindible para visitar, eso sí caminando arriba y abajo con barro nos hacía sentir que seguíamos en Ciudad Perdida.

De vuelta a Santa Marta nos encontramos con una muy buena amiga que vive ahora temporalmente en Medellín y comenzamos, durante una semana, nuestras andanzas los tres juntos. Que por cierto, comenzó con una conjuntivitis de Gabi, siguiendo una cadena que había comenzado en nuestro grupo de Ciudad Perdida y que nos terminó tocando a todos.

Un tour de tres días (nosotros queríamos cuatro, pero no salió grupo) tuvo la culpa de que nos tuviéramos que levantar a las 4 de la mañana (llevábamos esos horarios de las 5 de la mañana, casi desde el primer día de las “vacaciones”) para ir hasta Riohacha, que era desde donde salen los tours a La Huajira. El primer guía que tuvimos, que era muy personajillo, nos estuvo contando muchísimas cosas sobre la zona, sobre le contrabando de petróleo, cómo está llegando muchísima gente de Venezuela (hace frontera Colombia con este país es esta zona), dónde se comía la mejor carne,… Nuestra primera parada fue en Cabo de la Vela. Comimos allí, dejamos nuestras cosas allí, ya que era donde íbamos a hacer noche.

Por la tarde visitamos el Pilón de Azúcar, el faro y nos bañamos en la playa. Cabo de la Vela casi ni lo disfruté, porque ya volvimos al anochecer al hospedaje, pero no me llamó demasiado la atención. El camino era todo desierto, con muchísima basura de plástico (enganchada en sus arbustos y acumulada por el efecto del viento y el tiempo), pasamos muchos puestitos de artesanías wayuus y poblados muy pobres, donde a cada ratito se te acercaba algún niño a pedir dulces o que le compraras algo. Lo que más me gustó de esta zona (Además de la deliciosa comida) fue el proyecto tan bonito que tienen de conservación y defensa de la cultura Wayuu, así como del empoderamiento de la mujer en las comunidades.

Tienen una pequeña biblioteca, donde se pueden leer libros de entretenimiento y de la historia de los Wayuus. Pudimos comprar una revista en la que cuentan la dura situación que han vivido y sigue viviendo esta comunidad (situación de vulnerabilidad, de discriminación, sumados a una gran sequía y pobreza) con la que se apoyaba comprando 3 hilos (que utilizan luego para tejer, entre otras cosas, sus famosas y preciosas bolsas).

Antes de dormir vimos una proyección Wayuu (todas las noches ponen una distinta, con el fin de acercar su cultura a todas las personas que visitan el lugar). En este caso trataba el tema de la menstruación en las mujeres. No me quiero alargar demasiado, pero con la primera menstruación la mujer se tiene que quedar encerrada en casa (mínimo un mes, aunque en la peli la chica se queda encerrada sin que la vea nadie más que las mujeres de la familia, durante 8 años.) Durante este tiempo les enseñan a tejer, les rapan el pelo y cada vez que tienen la menstruación no pueden moverse en 5 días del chinchorro (hamaca grande).

El segundo día continuamos el viaje hasta Punta Gallinas. Fuimos en barca, porque el camino estaba mal por las lluvias. Mientras esperábamos el transporte han llegado los pescadores con langostas, caracolas, mantas y todo tipo de pescado, incluso una morena. Limpian allí mismo el pescado, los restos se lo comen los animales de la zona. Nos dijeron que ese día habían cazado 60 tiburones aunque nosotros no hemos visto ninguno.

Durante le camino paramos en una islita donde vive un grupo de wayuus. Allí también había mucha basura, estuvimos recogiendo toda la encontramos y la llevamos en la barca hasta Punta Gallinas. Antes de llegar pasamos por la zona de los manglares, hemos visto flamencos pequeños (los que no han podido emigrar por su corta edad) y después desembarcamos en ese espectacular lugar, de vistas impresionantes y paz absoluta. Un lugar para quedarse durante un tiempo, simplemente, a estar, a disfrutar de la naturaleza, de la paz. Lástima que casi no paramos en el lugar, apenas para comer y dormir, porque por la tarde nos llevaron a ver el faro (el punto más Norte de Sudamérica) y a las Dunas de Taroa, pasando Bahía Honda y Bahía Hondita.

Me dio tanta pena irme de allí al día siguiente. Me habría quedado allí una semana, sin cobertura, sin coches, sin gente, sólo escuchar el viento y ver los manglares a lo lejos… En vez de eso, nos pasamos todo un día de vuelta en barca, coche, otro coche para llegar hasta Taganga, bajo un puro serenito (como le dijo el conductor a Gabi, cuando le preguntó si cubrirían nuestras mochilas que se mojaban bajo la lluvia). Así que bajo puro serenito acabamos una de las excursiones más bonitas que he hecho nunca.