ROMA EN DÍA Y MEDIO

Escrito por rakelclemen 21-06-2018 en Roma. Comentarios (0)

Después de un pequeño retraso en el tren a Florencia, que me hizo pensar que volvía a perder el tren, pero en sentido Roma, llegué al destino en hora. Mi primera impresión en Roma fue de caos, coches, coches, ruidos y gente y más gente. Por recomendación de Giacomo, el dueño del alojamiento me subí en un bus que me acercaba al metro. Lo que en un principio parecía una buena idea no lo fue tanto teniendo en cuenta el caos de circulación y que eran las 6 de la tarde de un viernes. Así que cuando estábamos más o menos cerca del centro o eso supuse porque se bajaron más turistas, salimos todos en estampida de aquel autobús.

La primera zona que pateé fue la del Teatro Marcello, aunque yo no tenía ni idea de dónde estaba. Así que me puse a pasear un poco sin rumbo fijo, me perdí por la Piaza Venezia, aparecí en Santa Maria MAggiore, Plaza República y buscando la Fontana de Trevi me alcanzó la noche y me perdí durante una hora hasta que llegué a esa famosa, concurrida y maravillosa fuente. Eso sí, sacarse una foto se convierte en un reto por la cantidad de personas que se agolpan allí esperando su foto.


Seguí mi recorrido hasta el Vaticano. Pasé por el Puente Umberto, el Castillo de S. Angelo y por fin llegué a uno de los países más ricos del mundo. Vi la plaza principal y me fui a buscar el metro de vuelta a casa, ya que no me veía hora y media caminando hasta casa a esas alturas del día.

Mi segundo día lo comencé desayunando fuerte en el alojamiento, ya que me esperaba un largo día de caminar. Como tenía entrada para casi primera hora al Coliseo y al Foro Romano, pues empecé mi tour allí. Merece la pena la visita a ambos lugares. Desde fuera impresiona más el Coliseo y el Foro, que es mucho más grande de lo que yo había imaginado merece mucho la pena.


Del Foro salí volando al tour “gratuito” del Romanticismo y sus plazas. El guía era majete, pero hablaba más que yo, para que hagáis una idea. Sabía muchísimo de historia, así que a veces me perdía con tanta información. Me gustó que estábamos un grupo pequeño y que gracias a las explicaciones pude ubicarme en qué lugares había estado ya y en qué lugares aún no había estado. Así que salimos por Piaza Venezia, pasamos el barrio judío, Piaza Navona, entramos al Panteón, pasamos la Fontana de Trevi y acabamos en la Plaza España.

El guía nos llevaba volando de un sitio a otro, íbamos como patitos detrás de mamá pata. De repente paraba y nos contaba una historia muy larga entremezclada con algo que le había pasado a él y después, otra vez a la carrera. Lo mejor fue el cierre, que como había quedado para comer con unos amigos nos despachó rápidamente. La verdad que me gustó hacer el tour, ubicarme y compartir Roma con otras personas.

Después del tour agotador me fui a comer el tiramisú más recomendado de toda Roma (en Popi), y la verdad que estaba delicioso y me dio energía para continuar mi recorrido hasta la Piazza de Popolo. Después de un merecido descanso de una hora pasee por la Villa Borghse, sus jardines, pero también en modo exprés pues me quedaba aún mucho por recorrer. En este punto usé mi paraguas pero no para la lluvia, sino para protegerme del sol. El paseo hasta El Vaticano fue matador, pero aún más fue esperar la cola para entrar a la Basílica de San Pedro. No vi nada más que lo gratuito y continué hasta el punto donde había empezado el día anterior.

Mi idea era acabar el día con otro tour, pero esta vez nocturno. Un evento en el Circo Máximo impidió que pudiera llegar a la boca de metro donde se quedaba, así que modifiqué el plan y me di un paseo a mi aire por el barrio Trastévere. No  podía dejar de acabar mi visita a esta preciosa ciudad sin acabar en el Coliseo (el que me pareció el edificio más impresionante, junto al Panteón) Coincidió que estaban celebrando el día del orgullo gay o alguna fiesta semejante y estaba todo que no cabía un alfiler. Con la imagen del sol cayendo llegué a mi habitación.


Mi última cena en Italia no podía consistir en otra cosa que no fuera pizza y helado, lo que fue un acierto, pues encontré dos lugares fantásticos junto a casa y me lo pude comer tranquilamente en el alojamiento mientras charlaba con Giacomo, el propietario de la vivienda. Giacomo cuida al detalle cada cosa, la bienvenida, la información, el desayuno, agua fría en la nevera,… pequeños detalles que vienen de alguien que también ha viajado mucho. Y arreglando el mundo pasé mi última cena en Roma. Al día siguiente me tocaba volar a Valencia, así que ahí puse punto y final a mi último viaje sola.