UBUD Y EXCURSIONES

Escrito por rakelclemen 10-10-2015 en ubud. Comentarios (0)

Tuvimos como lugar base en Bali, Ubud (sí, el famoso lugar de la peli “Come, reza, ama”). Creo que con la peli tenía una imagen distorsionada de aquello. Porque al llegar por la noche lo único que vi fueron tiendas, las mismas que te puedes encontrar aquí. Es cierto que de Ubud no vi mucho más, ni el Monkey Forest, ni nada de lo que se podía ver allí. Al día siguiente de llegar nos pusimos a buscar la ONG KUPU KUPU, creada por una chica que se llama Begoña. Después de patearnos Ubud arriba y abajo buscando la tienda o la sede de la ONG durante más de una hora y media con un calor de espanto, sorteando ofrendas puestas en cada rincón de la calle y motos que pasaban por miles por la carretera, nos enteramos que la ONG estaba ya en otro pueblo y que la tienda estaba en otra zona distinta (no entiendo cómo no tenían esa información actualizada en la página). Total, que nuestra idea de pillar las excursiones con la ONG se vió truncada y nos decidimos a contratarlas con una chica que nos había ayudado mucho con la búsqueda de la ONG.

Como no podíamos empezar el viaje sin anécdotas, la segunda en la frente. Habíamos contratado un taxi privado por 350.000 Rp para hacer una excursión que en grupo ya estaba completa. Y resulta que por la tarde nos aparece a buscar uno en moto, nos dice que ya está la furgoneta y nos subimos a una furgoneta compartida. Como habíamos adelantado 50.000 Rp teníamos que pagar el resto. Y el pavo de la moto nos pedía250.000 Rp y yo diciéndole que por qué tanto si estábamos compartiendo la furgoneta. El conductor que se bajaba todo cabreado diciendo que teníamos que pagar. En definitiva, que para evitar movidas desde el primer segundo le pago las malditas 250.000 Rupias.

La excursión en sí fue sin más, el conductor un borde, fuimos a ver un mini campo de arroz, el Holly Monkey Forest, el Royal Family Temple, un Coffee Garden (donde te explican cómo hacen uno de los cafés más caros del mundo) y el templo de Tanah Lot para ver la puesta de sol. Todo una turistada enorme, en la que tienes 20 minutos para ver cada cosa. Lo más destacable para mí fue ver el último templo que está en el mar (cuando sube la marea) y junto a unas cuevas que son sagradas, donde supuestamente hay unas serpientes que protegen al templo de fuerzas demoniacas. El atardecer allí era espectacular, como cada atardecer frente al mar en Bali. Lástima que estábamos nosotras y miles de personas más, y cuando digo miles, no exagero una pizca.


Regresamos esa noche al hotel (El Karma House II) que está superbién por un precio muy asequible, y nos encontramos con que había habido una equivocación y los que nos habían recogido en la furgoneta habían ido a recoger otra pareja que estaban en el mismo hotel con nosotras y nuestro taxista se había llevado a la pareja. Una larga historia que acabó con las disculpas del taxista que era majísimo, y nosotras palmando 50.000 Rp, que no es que sea mucho dinero, pero la noche anterior el taxista del aeropuerto ya nos había tangado otras 50.000 Rp.

Al día siguiente habíamos contratado otra excursión, que a mí ya me gustó un poco más. Fuimos a ver la Cueva del Elefante. Allí nos compramos unos sarongs, que no son más que unos pareos como los que usamos para ir a la playa, con los que supuestamente hay que entrar obligatoriamente, pero que resulta que si no lo llevas, te ponen ellos en la entrada una especie de cinturón y con eso ya vas vestido adecuadamente para visitar los templos.

De ahí nos llevaron al Rocky Temple en Gunung Kawi, un sitio precioso junto a arrozales en el que se elevan 9 monumentos en honor a la Dinastía Warmadewa del S XI, aunque no está muy claro a quién representan exactamente. De ahí fuimos al Holy Spring Temple, otro templo donde manan varias fuentes de agua del interior del suelo, que es considerada sanadora y con propiedades curativas. La gente presenta allí sus ofrendas a la deidad de la primavera y se bañan en sus aguas.

Hicimos otra cata de café en otro sitio, y así aprovecho para contar como va el tema del café. El café que cultivan allí cuando tiene un color amarillo se lo dan de comer a un animal muy mono que se llama KOPI LUWAK. Cuando el animal hacer sus necesidades, recogen estos excrementos (habéis leído bien), los limpian, tuestan el café, se muele, lo pasan por una rejilla y de ahí se envasa para consumir. Todo el proceso, en teoría, es realizado de modo artesanal. Pero yo me quedé con la duda de que con todo el café que hacen, si tienen hacinados a los pobres bichos en un lugar comiendo y cagando café sin parar o cómo va el tema. Pero como sólo te enseñan un animalito de estos somnoliento y poco más, pues me quedé con la duda de cómo será el tema en realidad.

Nos metieron en una encerrona de Buffet libre bastante caro frente al lago y volcán Batur, un lugar muy impresionante, pero presentado como otra turistada, como todo el Bali. Y de ahí nos fuimos a la mayor turistada del día, Tegalalang, un arrozal que para que os hagáis una idea. Se pasa una barrera donde se vuelve a pagar para entrar, una carretera con tiendas en plan Salou a ambos lados, que llegas y ni se ve el arrozal. Y después hay un acceso donde todos nos sacábamos la foto, porque si querías bajar al arrozal ya te asaltaban los niños vendiendo postales, la señora con su gorrito para sacarte una foto con ella y le dieses una propina, o los guías que te contaban el tema del arrozal y a los que había que pagar también. Muy decepcionante la verdad. Con esa sensación, de esto no me está gustando mucho nos volvimos al hotel y al día siguiente nos embarcamos en nuestra última excursión que nos llevaba al norte de la isla.

Compartíamos la furgoneta con dos australianas estresadas, una canadiense mazo rara y un chico que si no recuerdo mal era de Granada, pero vivía en Barcelona. Y ahí nos fuimos todos a visitar un templo en el que ya habíamos estado y después otro templo en el lago Beratan. Muy muy bonito y construido para proteger al propio lago. Los edificios eran preciosos, y estaban custodiados por ranas gigantes y otras estatuas de animales dispersas por los jardines. Camino a Lovina paramos en Gitgit, donde hay una cascada donde te puedes bañar. Pero te puedes bañar si pagas 60.000 Rp. Y yo ya estaba caliente de haber pagado la excursión y luego tener que pagar por cada barrerita que pasábamos, templo que visitábamos, arrozal que visitábamos, y sinceramente, tener que pagar por ver una cascada en un monte, me inflaba las narices, así que nos quedamos sin verla junto a la canadiense, que también llevaba un mosqueo de mucho cuidado.

En Lovina nos llevaron a otro buffet junto a la playa, pero como ya nos la sabíamos del día anterior, pedimos a la carta y comimos bien sin que nos clavaran una exageración de dinero (teniendo en cuenta el nivel de vida de la isla). Nos bañamos en las cálidas aguas del Mar de Bali y nos volvimos a la furgo porque teníamos a las australianas todas estresadas esperándonos para irnos. La vuelta la hicimos por otra carretera que pasa por Munduk y donde el paisaje era mucho más agradable, más tranquilo y mucho menos estresante que hasta la fecha. Hicimos la última parada en un mirador desde el que se ven los lagos Buyan y Tamblingan custodiados por unos volcanes impresionantes. Llegamos tan tarde de la excursión que no llegábamos a tiempo para ver uno de los espectáculo de danzas balinesas que ofertan en Ubud, así que ya sólo nos quedó cenar e ir a dormir porque al día siguiente nos íbamos bien temprano a las islas Gili, que pertenecen a Lombok, otra isla al este de Bali. No he contado que nos cambiamos de hotel porque no tenían sitio una noche y nos fuimos a otro bastante cutre y sucio, el Ketut y Nyoman Sadru House, regentado por dos brujas pirujas y un señor encantador que compensaba todo lo demás.