SINTRA Y LA CASA LA NIÑA LA CURVA

Escrito por rakelclemen 09-04-2015 en Sintra. Comentarios (0)



El que haya estado en Sintra sabrá que es un laberinto de callejuelas, cuestas y más cuestas…así que localizar nuestra mansión, alojamiento, fue un tanto Odisea. Y al final terminamos encontrando una especie de villa enorme con naranjos, limoneros, superdestartalada y en obras. La habitación estaba bien, pero con muebles del año la Polca,… en fin, nos dio de sí la mansión: risas, videos, chistes... Y por las noches usando la linternita que me había recomendado llevar mi madre para visitar una Quinta. El partido que le sacamos a la dichosa linterna, una pasada, linterna para arriba, linterna para abajo…

Sintra es como entrar en un cuento, rodeado de castillos, palacios y unas mansiones inmensas. El primer día visitamos el Palacio da Pena, que fue residencia de verano de los reyes de Portugal, rodeado por unos inmensos jardines que apenas tuvimos tiempo, ni yo fuerzas de recorrer. El edificio en sí, es algo como salido de Disney, como leí en un foro, una ida de olla… pero que merece la pena visitar, por fuera y por dentro. No hay opción de ver sólo el palacio, hay que pillar la entrada con los jardines o sólo los jardines. Lo tienen bien montado para que te dejes el dinerillo. Subir allí andando es como plantearse subir un 8000, vamos, que si no tienes nada que hacer en todo el día pues bien, pero si quieres hacer más cosas lo suyo es pillar el bus, o en grupo grande un taxi.

Al día siguiente, domingo, después de conseguir medicamentos para mi especie de gripe interminable, nos fuimos en tren a Lisboa. Aquí dos anotaciones, primera que merece la pena sacar la Lisboacard, porque a dos cosas que visites la amortizas y sirve para los tranvías que no son turísticos. Nosotras pillamos una tarjeta 24 horas para el tren, pensando que nos servía para todo, pero no. Pagamos la novatada, pero finalmente amortizamos la tarjetita, ya que había un maratón y el tranvía 15 que nos llevaba a Belém no funcionaba hasta la tarde. Así descubrimos que andando un poco más desde la Plaza do Comercio podíamos pillar un tren con dirección Cascais que nos dejaba en Belem.

En Belem cantamos eso de “Belem, pasteles de Belem…” y nos pareció que la cola para entrar en la torre iba rápida hasta que nos pusimos en ella, y vimos que iba a ritmo tortuga. Como a mí me podía el hambre, pasamos de la Torre. Buscando la famosa pastelería de los pasteles de Belém, pasamos por el Monasterio de los Jerónimos, que eso sí me dio penica no visitar, pero para la próxima. Para lo que no tuvimos reparo hacer cola fue para los pasteles, eso sí, iba muyyy rápida y los pasteles recién hechos estaban para chuparse los dedos.

De vuelta al centro en tren y paseando bajo un sol delicioso, llegamos al centro donde buscamos el tranvía para subir al Castillo de San Jorge. Ir en ese tranvía mientras piensas que no va a poder subir la colina más alta de Lisboa, es una aventurilla. Paseamos alrededor del castillo porque no nos lo habían recomendado, había cola, era caro… en fin, esas cosas que pasan cuando se viaja. Acabamos el día paseando por la Plaza de Rossio, de los Restauradores, y lo que viene a ser el centro, antes de volver a nuestra querida Sintra, con sus cuestas y nuestra linterna.

Al día siguiente no podíamos irnos a Ericeira sin ver la Quinta da Regaleira. Es una preciosidad, en especial sus jardines con sus dos pozos y sus laberintos subterráneos, una locura. Nosotras venga a hacer vídeos,… en fin, para vernos. La verdad es que debería ser de visita obligada, y lo que es mejor, los lunes, cuando todo está cerrado, esto está abierto. Muy importante seguir en mapita que dan para no dejarse nada, ya que cada fuente, torre y rincón merecen la pena.