LAS RANITAS VENENOSAS, TARZÁN Y POR EL PACÍFICO A LO LOCO

Escrito por rakelclemen 05-07-2014 en ranitas. Comentarios (0)

LAS RANITAS VENENOSAS, TARZÁN Y POR EL PACÍFICO A LO LOCO


Hasta la fecha he hecho dos excursiones. Al poco de llegar fuimos a la finca de un local que tiene una cascada. Por el camino cruzamos ríos, vimos el árbol sagrado de los indígenas (lo llamaban así porque pensaban que llegaba hasta el cielo y por el bajaban los Dioses), y ranitas venenosas. En Costa Rica hay varios tipos de ranitas venenosas, algunas en peligro de extinción, son realmente pequeñitas, y hay de color ver y rojas, no sé si habrá de más colores, pero las que encontramos eran de esos colores. Son venenosas porque comen hormigas negras, de esas que cuando pican parece que vas a morir de dolor.

Cuando llegamos a la cascada tuve la desgracia de ver una culebra terciopelo, que es supervenenosa. Así que Johnson, el dueño de la finca, sacó con un palo a la culebra y la lanzó lejos. Ya sin reptiles venenosos nos pudimos bañar en la cascada. El agua estaba realmente buena, no tan caliente como la del Pacífico pero lo suficiente para disfrutar del baño y refrescarme.

Por el camino, para reponer fuerzas tomamos pipa (que es el coco verde, se toma el líquido de dentro y se come la carne que es más tierna que la que he comido otras veces), también comimos caña de azúcar y la semilla del cacao, aunque ésta última estaba un poco verde.

Para rematar la excursión hicimos una de Tarzán en una liana gigante. Por favor qué risas hicimos, yo colgada como un cerdito, me escurría porque estaba toda llena de barro negro. Fue superdivertido.

Mi segunda excursión fue a Corcovado y fui con Aida (una chica de Barcelona, que es con la que más tiempo paso). La salida comenzó en Agujitas, subimos a una especia de lancha pequeña y fuimos dando botes todo el camino hasta llegar a Sirenas. Por el camino tuvimos la suerte de ver un delfín, pero sólo uno porque debía ser su hora de comer y no salieron más a la superficie.

En el tour íbamos 8 y el guía, que era genial, explicaba todo muy bien en inglés y castellano. Tuvimos bastante suerte porque vimos bastante animales: el Buitre Rey, el Buitre Negro, los cuatro tipos de monos que hay en Costa Rica (el Congo, el Araña, el Titi y el Capuchino). También vimos un Aguti (de la familia de las Capibaras), gallinas salvajes, pavos salvajes.

En el campamento base, donde hay unas pista de aterrizaje había un árbol lleno de polillas, muy muy bonitas, negras y azules, por lo visto son las únicas que salen durante el día. Y después de comer, pasamos del bosque secundario al evolutivo primario (sin tanto árbol plantado por el hombre). Lo más destacable de este bosque fue el perezoso, que era bastante pequeño, se veía que hacía poco le había dejado su madre solo, y el oso hormiguero, que nos costó encontrarlo muchísimo. Estaba en un árbol muy alto y era muy pequeño. Es un tipo de oso más pequeño que el que yo tenía idea y éstos pasan casi todo el tiempo el los árboles.

En el río Sirenas no hemos visto ni cocodrilos, ni tiburones (la marea nos pilló baja), ni tapires, que son supertípicos de aquí. ¡Qué pena! Aunque sí vimos un cocodrilo en el río Claro, pero porque lo localizó el guía con su superobjetivo, si llega a ser por mí, no habría visto ni la mitad.

Para no alargarme más ya os cuento nuestro regreso que fue surrealista total…La lancha iba contra las olas a toda velocidad y el agua nos saltaba por todas partes, y salíamos mediovolando, pero sin el medio. Yo me sujetaba tan fuerte que pensé que me quedaría con la pintura en la mano. Y gritábamos todos cada vez que venía una ola, una locura, de verdad, una descarga de adrenalina enorme. Como para repetir, pero más adelante, que aún no me recuperé del susto.