CAMINO LEBANIEGO

Escrito por rakelclemen 19-05-2017 en LEBANIEGO. Comentarios (0)

DE SAN VICENTE A ESTRADA

El viernes, agotada después de la semana de curro y cursos, Nora y yo llegamos por la tarde a San Vicente de la Barquera. Conseguimos alojamiento en una casa rural, en modo pijo. La cuestión es que luego descubrimos que había un albergue de peregrinos a tan solo un kilómetro. Lo vimos ya llegando, cuando hasta nos habían llamado la pareja del alojamiento para ofrecerse a recogernos en coche porque se acercaba una buena tormenta. Oferta que declinamos. Así que al final nos tocó usar capa de lluvia y yo llegar calada casi hasta la cintura, pero eso sí dormimos de lujo.

DE ESTRADA A CICERA

Después de desayunar y de que el hombre del alojamiento dudara de que pudiéramos llegar hasta Cicera nos pusimos otra vez en camino. Hicimos una mezcla de ruta corta con la larga, por lo que no sabemos ni cuantos kilómetros hicimos ni por dónde fuimos exactamente. La cosa es que hicimos parte de carreta y parte del paseo fluvial. Pasamos por un pueblito con mucho encanto, La Fuente, donde tuvimos la suerte de conseguir provisiones ya que no encontramos tiendas en todo el camino. Otro dato importante es que las fuentes escasean todo el tiempo, así que hay que aprovisionarse bien de agua y comida.



Nuestra idea era quitarnos unos kilómetros de la ruta del día siguiente y pasar uno de los tres coyados. Así que subimos a Burio, pero bien subido y bajamos a Cicera. Cicera es pequeño, tiene albergue de peregrinos y, afortunadamente, un bar donde cenar caliente huevos caseros (deliciosos). El chico nos pudo explicar por dónde ir al día siguiente, ya que queríamos acortar por Castro sin pasar por Cabañes.

DE CICERA A SANTO TORIBIO Y VUELTA A POTES

Salimos de Cicera sin haber entendido nada: “Que yo le entendí al chico que pasada la parada todo recto” ”Pues yo que el río quedaba a la derecha” “Yo juraría que no era por el desfiladero…” Total, que preguntamos a una señora madrugadora y nos tragamos todo el coyado, que nos habían dicho que no hacía falta ir por ahí. Todo monte, barro, piedras que se hundían en el barro…pero un paisaje espectacular y un bosque de cuento de hadas. Parecía que en cualquier momento saldría Campanilla volando o uno de los lobos de los que nos habían hablado.

Pensamos que lo peor había pasado, pero nuestra opción de ir por Castro no fue la de “Chicas, sin pérdida, todo recto junto al río.” A ver, el río estaba, pero abajo y lo de recto… más bien fue cuesta arriba por un camino de cabras, por roca y zonas de desprendimientos. Cuando pasamos esa hazaña, en la que nos seguía otro peregrino, conseguimos llegar a una casa donde pedimos agua. Al acabar esa parte de la ruta vimos un cartel que avisaba de lo peligroso del recorrido. Estaba bien saberlo una vez hecho…



Terminamos en Potes por un caminito bastante llano. A pesar de lo bonito que es Potes nos agobió el ruido de coches, autobuses, gente,… Después de esos dos días de vacas, cabras y ovejitas y tanta paz, el contraste se nos hizo más cuesta arriba que los coyados que habíamos sorteado.

Tras reponer fuerzas con un helado subimos a Santo Toribio, un monasterio enorme. A las 4 abrieron información y sobre esa hora era la “visita guiada” donde te enseñan y explican la historia del relicario que contiene trozos de la cruz de madera donde crucificaron a Jesús. Creerse que fue la de Jesús ya está en la fe de cada uno, pero que tiene 2000 años lo demostró una prueba de Carbono 14 que le hicieron en Madrid. Así que orgullosas recogimos nuestro “título” y volvimos a bajar a Potes para coger el bus de vuelta a San Vicente de la Barquera.

Acabamos con los pies doloridos, la espalda contracturada y una sudada del quince, pero satisfechas de haber llegado y agradecidas por haber visto uno de los paisajes más hermosos de nuestras vidas.