LOMA ALTA Y CIERRE DE VIAJE

Escrito por rakelclemen 17-10-2014 en loma alta. Comentarios (0)

Llegar a Loma Alta, Bolivia supuso una Odisea, horas y horas de autobús, dormir en un hotel cutre con cucarachas en Montero, esperar a un trufi (taxi) que no llegaba, para finalmente llegar a mi destino en el colectivo (autobús regular). Loma Alta, en resumen, ha supuesto 12 días de emociones, de reencuentros, de paseos entre gallina, chanchos (cerdos), ocas,... La gente me recibió con cariño y me llenó de emoción recibir tantos abrazos, tantas sonrisas, me alegró ver caras conocidas y caras nuevas, dedicarme a comer a todas horas con invitaciones de gente maravillosa. MI nexo de socialización fue Mario, que me invitó a ir a los partidos de fútbol femeninos y a un cumpleaños. Los profes del básico me recibieron e integraron como si nunca me hubiera ido, y ahí cociné cuñapé con ellos, participé en cenas y me llevaron en moto a ver danzas populares en Rincón (un pueblo cercano).

He aprendido a hacer empanada de queso y cuñapé (se hace con almidón de yuca y muchísimo queso, es mi debilidad), he aprendido a esperar, a no mirar el reloj, a sentarme a leer sin preocuparme de la hora, a ver jugar a los niños, a escuchar a los gallos. He cuidado junto a la hermana a perritos pequeños, 3 de ellos murieron, perder a una cachorrilla me dio especialmente pena ya que estuvimos cuidándola día y noche desde que vimos que tenía una herida llena de gusanos. He visto una vez más que la vida es muy injusta con la gente que menos tiene, como en el caso de una mujer que vino con su nieta con malformación en sus orejitas y el ano junto al estómago, y he mirado esto con impotencia y pena, me he preguntado por qué y no he encontrado respuesta.

Un apartado especial para mí es la hermana Graciela, sin ella jamás habría conocido este pequeño lugar maravilloso que tiene algo que atrapa. Volver a verla después de 12 años ha sido maravilloso, un regalo de la vida, compartir con ella buenos momentos, pasear, charlar, ver su energía que no decae con los años y alegrarme con las mejoras que ha conseguido en el pueblo, su lucha es incesante y eso me admira. El nuevo proyecto, un internado para los alumnos que vienen de fuera, mis mejores deseos en esta ilusión y labor. Despedirme el pasado sábado de ella en el aeropuerto ha sido de las cosas más tristes que me ha pasado últimamente, despedirme sin saber cuándo volveremos a vernos,..., en fin, ojalá volvamos a vernos pronto.

Mi fin de viaje ha sido donde empezó, en Lima, compartir momentos con Carlos y su maravillosa familia, y visitar brevemente Punta Hermosa, lugar de veraneo y surf. Fue una lástima no tener tiempo para meternos al agua y disfrutar de sus olas, pero al menos pude escuchar el sonido de las olas rompiendo, pasear por la arena y quemarme (por desgracia) bajo el sol que me adormecía.

Este viaje ha sido maravilloso, como todos los anteriores. Viajar tiene algo mágico para mí, por los lugares, las nuevas caras, las viejas caras, por los niños, las risas, el cansancio, la incertidumbre del lugar, las fotos, los recuerdos, los momentos en soledad y los momentos compartidos. ¿Se puede ser más afortunada?