MIS VIAJES

BIngin

TERIMA KASIH, BALI

Escrito por rakelclemen 12-10-2015 en BIngin. Comentarios (0)

 Ya he comentado anteriormente que tenía en mente viajar a Lombok, pillar olas allí en el sur, subir al volcán Rinjani… pero también tenía claro que en este viaje me iba a dejar llevar por lo que realmente me apeteciera hacer en cada momento. Le había hablado tan bien a María de Bingin, que decidió ir para allí, y yo, a mi vez, decidí volver con ella a uno de los lugares que he visitado que más calma me ha transmitido nunca.

Así que allí nos presentamos las dos con un montón de ganas de enseñarle todo aquello a María. Íbamos a estar dos días, nos íbamos a Legian y de ahí yo a Lombok. Pero quedamos tan atrapadas allí que María se quedó hasta su último momento en Bali en Bingin y yo decidí pasar lo que quedaba de mis vacaciones en ese mismo lugar.

Estando María alquilamos moto, que ella es más animada que yo y aprendió a usarla en Nusa Penida, y fuimos a Ulluwatu y Padang-Padang. En ésta última playa me di uno de los baños más gratificantes de mi vida, y eso que no pillé una triste ola, pero ver a un padre con su niño de dos años en la tabla, a los niños surfeando de un modo impresionante y a un local animándome a coger olas y dándome consejos, que se me dibujó una sonrisa en lacara que ya no se me quitaba con nada.

Otro día, el último de Maria, nos aventuramos hasta Balangan, en una locura de motos, camiones y coches, pero a pesar de la tensión llegamos a una de las playas más bonitas de Bali, si no la más. Allí alquilamos corcho y me fui al agua toda feliz, cogí mis primeras olas con pared y no meras espumas, poco a poco yo estaba ganando confianza después del susto con el coral. Me despedí con mucha pena de María, porque con ella me había reído, habíamos sufrido juntas en la moto, habíamos salido de fiesta y simplemente habíamos descansado juntas durante unos días inolvidables para mí.

Llegó mi momento de estar sola, de disfrutar de mi misma y de aburrirme conmigo misma. Tomé una especie de rutina vacacional en Bingin. Me levantaba tarde, desayunaba tranquilamente, miraba el mar, bajaba a la playa, alquilaba el boggy, estaba una hora en el agua (los últimos días ya conocía a la mitad de la gente, desde los locales hasta un niño australiano graciosísimo que me daba conversación), me duchaba, comía, leía en mi rincón favorito junto al mar, echaba la siesta, bajaba a la playa a pasear hasta DreamLand porque había marea baja, y las noches eran lo más variado. Desde el día que bajé sola a comer barbacoa de langostinos en la playa, hasta las conversaciones con la pareja de Nueva Zelanda sobre la vida y los viajes, la cena y fiesta en Ulluwatu con Will y Olly (de Londres) o los planes espontáneos con Eduardo y los amigos que se iba encontrando en la isla.

No tengo palabras para describir lo feliz que me he sentido allí, lo ligera y libre de cargas y pensamientos negativos, era feliz por respirar, por escuchar el mar, por sentir las olas, por ver a los niños jugar en los charcos en las rocas de la playa, el sentir que estaba más tiempo sonriendo que sin sonreír y así, sin motivo, sólo por estar allí. Aburrirme y no tener miedo de aburrirme, porque simplemente estar ya era suficiente.

Me dio muchísima pena despedirme de Thomas y su mujer, y en especial del loco de Eduardo, que con sus locuras me hizo desesperar, pero sobre todo reír. Y de allí me fui a Legian, para pasar mi último día allí, más cerca del aeropuerto y con sitios donde poder comprar regalitos y recuerdos. En Legian me alquilé un corcho y una hamaca y eché el día entre las olas y la posición horizontal de relax, la tarde la cerré de compras y la noche la culminé con una cena estupenda en un restaurante que estaba cerca de mi hotel, barato y con un camarero encantador de Sumatra. Ese día me dormí con una sensación de melancolía, de pena, ya no me sentía tan eufórica, ni tan relajada, ni tan feliz, y eso que aún seguía de vacaciones en Bali por unas horas, pero ya no estaba en Bingin.

Mi último día mi plan era bañarme en la piscina del hotel, hacer la mochila, hacer un par de recados, comer donde había cenado la noche anterior y marcharme al aeropuerto. Me levanté y me encontré con que estaban pintando la piscina (un guiño de la vida de los que me dice:”¿Para qué planificas nada?”), así que me fui a pasear a la playa. Como tenía mucho tiempo me di un masaje, hice los recados y me fui a comer, aunque me encontré con que le restaurante cerraba los domingos (Segundo guiño de la vida), así que me fui a un Warung de locales donde me senté sin saber lo que comería, y de hecho, sigo sin saber qué fue la mitad de lo que comí.

El viaje de vuelta, ¿Qué os voy a contar? Dos escalas, un vuelo de 13 horas, 8 horas en el aeropuerto de Paris, pero en un cuchitril donde no había nada que ver o hacer,… mi mente ya estaba con mi gato, con mi familia, con mis amigos. Sin embargo, en el aeropuerto de Paris escribí lo siguiente en mi diario:


“No sé si volveré a Bali, no sé si regresaré a BIngin. Supongo que una segunda parte ya no sería lo mismo. De lo que no dudo es de que en los momentos de estrés, de soledad, de tristeza, cerraré los ojos y por un momento imaginaré estar allí, llena de paz, como si yo y esa paz fuéramos lo único cierto de esta vida.”

Sólo puedo añadir con un nudo en la garganta, “Terima Kasih, Bali”


SEMINYAK Y BINGIN

Escrito por rakelclemen 11-10-2015 en seminyak. Comentarios (0)

Mi viaje con Naiara para estas fechas estaba casi tocando a su fin, pero no podía irse sin disfrutar de la zona sur de Bali y la más conocida entre los surfistas de todo el mundo. Teníamos claro que a Kuta no queríamos ir, por su fama de demasiada fiesta, demasiada gente, demasiado de todo,…, así que optamos por Seminyak. Realmente las playas de Kuta, Legian y Seminyak son toda una, al menos nosotras no sabíamos dónde acababa una y dónde empezaba la siguiente.

Lo bueno de estas playas, que son de arena, que son inmensas y puedes caminar hasta agotarte. Lo malo…pues todo lo demás, la gente, el agobio, miles de cursos de surf, decenas de personas vendiéndote de todo a todas horas, y cuando digo de todo me refiero desde el típico pareo hasta Viagra (Sí, nos querían vender Viagra y Prozac), surrealista y agotador. Así que yo opté por alquilar un corchillo y pasar el máximo tiempo en el agua, y eso que el mar no podía estar más revuelto (llegaron a sacar los socorristas a tres personas en nuestra zona).

Seminyak fue compras, masaje, playa y búsqueda de restaurantes económicos porque allí todo se escapaba de los precios habituales en la isla. Todo lleno de boutiques, de tiendas de todo tipo y muchos bares, una zona de ambiente transexual en nuestra calle, y menos gente alojada en nuestra zona de lo esperado, de hecho las tiendas estaban prácticamente vacías.


Como mi idea de viaje era hacer el voluntariado en Nusa Penida y de ahí viajar a Lombok, visitar un volcán, unas playas del sur, es decir, ya no iba a viajar más por Bali, estaba deseando llegar al sur del todo, a la zona de Ulluwatu y poder ver al menos las olas de verdad. Decidimos quedarnos en Bingin, en un hotel que tenía muy buena pinta. El lugar no sólo no nos defraudó si no que nos encantó. La playa en sí no es que sea nada del otro mundo, pero hay una ola perfecta prácticamente todo el tiempo y unas vistas impresionantes de las playas colindantes.

El primer día que llegamos yo muy animada y sin tener ni idea me alquilé un corcho y ahí me metí con mi aletas. Decir que el agua cubría poco es quedarme corta, es que realmente no cubría y encima el fondo era coral, nada de arena. Así que cuando alquilé el corcho, el chico miró la ola, me miró a mí, miró la ola y me volvió a mirar a mí, y dijo: ¿Eres buena? Yo me lo pensé un segundo y respondí, No, no mucho. Y él me preguntó: ¿Dónde vas a meterte? Y yo le dije: “En las espumas con la gente que está aprendiendo” y su respuesta fue “ok”. Con el tiempo me he dado cuenta que lo que le preocupaba al chico era que yo me abriera la cabeza y de paso le rompiera su Buggy en el coral.

No me abrí la cabeza, felizmente, pero una ola enana, ridícula, me revolcó y yo me dejé medio trasero en el coral. Medio trasero en una exageración, pero digamos que me hice una avería de la manera más tonta. Yo no tenía intención de curarla, y vistas las averías de otros surfistas (Rodillas cortadas, espaldas arañadas en carne viva) lo mío me parecía una chorrada. Pero por la noche conocimos a Eduardo, un chico brasileño, que me dijo que me tenía que curar la herida bien porque al ser coral vivo podría llegar a tener una infección muy grave. Así que ya tengo tatuaje balinés para toda la vida.

Nuestro último día en Bingin fuimos a conocer Ulluwatu, otra playa de surfistas también muy masificada, pero muy bonita, estilo la playa de Las Catedrales de Lugo. Nuestra intención era alquilarnos una moto e ir a la aventura, pero no conseguimos que nadie nos alquilara una moto (primera señal de que no debía conducir moto). Eduardo se ofreció a llevarnos en su moto, y ahí nos fuimos en la moto los tres, con su tabla, su bolsa con el neopreno y nuestro mochilón de excursión a Ulluwatu, de verdad que estábamos de foto. Lástima que no tengamos una de recuerdo. Por la noche regresamos al mismo lugar y estuvimos un rato de fiesta, había muy buen ambiente y gente de todos los países que os podáis imaginar.

 Al día siguiente, último día de Naiara, pasamos la mañana sentadas en nuestro lugar favorito (el mirador de nuestro alojamiento), tumbadas en la cabañita abierta leyendo y riendo sin parar. Creo que pocas veces he sentido tanta paz como en ese instante. Nos fuimos con una pena increíble y yo con el pensamiento de que volvería a allí en algún momento. Y ese momento no tardaría en llegar, pero antes me tocaba otra etapa del viaje, la de Nusa Penida, pero eso os lo contaré en mi próxima entrada al blog.