ARUSHA, MUCHO MÁS QUE UNAS VACACIONES

Escrito por rakelclemen 08-10-2016 en arusha. Comentarios (0)

Hay vacaciones que son fáciles de contar simplemente porque han sido eso, vacaciones. Sin embargo hay experiencias que te revuelven por dentro, te hacen abrir muchos los ojos y te hacen reflexionar… Así que ahí voy, voy a intentar transmitir un poco no tanto lo que he vivido con detalle como las cuestiones que me he planteado durante y después de este mes de vivencia en Tanzania.

Cuando llegué a Arusha (base de mi viaje y voluntariado allí) iba con la idea  de hacer voluntariado  en un orfanato con niños (sin saber qué haría allí…más que nada lo que me echasen), vivir en un hostel dos semanas y otras dos semanas con una familia local. Al llegar a allí me encontré que el hostel, www.kadogoohostel.com no es hostel como una puede tener en mente, es más un hogar, una casa donde convives con mucha gente o con poca, según el momento en el que viajes. Y como en una casa, pues no todo está siempre ordenado, ni siempre hay silencio, ni siempre te puedes encerrar en tu habitación para aislarte del mundo. Es un lugar para compartir, un lugar donde conocerás voluntario/as locales y  extranjeros con un montón de inquietudes y ganas de cambiar las cosas, porque la gente que he conocido allí si algo teníamos en común es que somos inconformistas, queremos realizar cambios en este mundo que se nos presenta alineado, unidireccional, globalizado…

Y así me encontré en este viaje a gente que tenía muy claro a qué había venido a Arusha y a gente tan perdida como yo, que sabíamos que habíamos venido a algo pero no era a lo que habíamos tenido en mente. Y así descubrí www.progressforfrica.com y en concreto su proyecto actual CHAGUA MAISHA (que en Suajili significa “las decisiones que tomas en tu vida”). Os invito a visitar la página porque yo no soy capaz de explicar en pocas palabras en qué consiste este proyecto en el que hay tanta gente involucrada desde hace tiempo.

 Por dar unas pinceladas y decir algo, ahora se está terminando de construir una escuelita en el barrio de Borncity junto con una duka (tienda). La idea es que la escuela empiece a funcionar en enero con niño/as de 4-5 años, para más adelante hacer dos aulas. La duka se ha construido con el fin de poder financiar parte de los gastos que puedan surgir en la escuela. El espacio se usará con muchos fines, impartir charlas a las familias y muchas actividades más. Suena sencillo y simple, pero detrás de esto hay una gran labor de voluntarios/as de España, y de gente de Arusha y en concreto del barrio de Borncity. Todo el mundo se ha involucrado con la idea de crear una escuela e impartir una educación de calidad, con la colaboración de muchas madres y algún padre del barrio.

Durante mi tiempo en Arusha he participado con el resto de voluntarios/as en el summer camp, una actividad dirigida y abierta para los niño/as del barrio en el que lunes, miércoles y viernes, durante hora y media se compartían con ellos juegos, canciones y mucha diversión. Me encantaba ir allí, era mi momento de estar con niño/as, jugar, gritar: “Ruka ki Masai!” o cantar canciones divertidísimas con ellos.

Después yo tenía un montón de tiempo libre, así podía ir al centro en dala-dala (microbuses petados de gente) a comprar, pasear, visitar el mercado Masai, el mercado de segunda mano, o simplemente dejarme caer en Nakumat (un espacio para wazungus (blancos) y gente local con más poder adquisitivo) a tomar algo o comer pizza o comida mexicana. Y fue genial disfrutar de todo eso con “mis” chicas, y pasar por el agobio de la estación de dalas dalas, o llegar a un mercado y que todo el mundo te grite muzungu, y te quieran ofrecer sus productos,  te quieran ayudar a hacer tus recados, o te miren 12 personas mientras compras un billete de bus o una cuerda. ¡Qué expectación generamos las personas blancas! No me imagino caminar por Bilbao y gritar a alguien “Negro, ¿qué tal?”, pero aquí es eso, forma parte de la vivencia.

Y con el paso de los días hice mis excursiones de turista, despedí a gente genial y recibí a gente igualmente estupenda que también venía con muchas ganas. Poco a poco me fui creando un poco mi rutina o desrutina en Arusha, y el hostal Kadogoo se convirtió en mi casa temporal. ¿A dónde vas? Voy a casa… Y sentía que podía hacer más o que podía engañarme a mí misma pensando que podía hacer más en el tiempo que me quedaba allí. Así que un día con Carol (una voluntaria que junto con otras personas ha formado la ong “volunteermap” www.volunteermap.org , con la idea de ser hilo de unión entre voluntarios y distintos proyectos de voluntariado gratuitos en el mundo) y James (un voluntario local que es buenísima persona) fuimos a ver el Orfanato de Olasiti.

Este orfanato está ubicado en otro barrio alejado del que vivíamos, aunque caminando durante unos 40 minutos se podía llegar perfectamente, y si el calor o el tiempo apretaban pues se podía ir en piki-piki (moto-taxi…toda una aventura). Fuimos por primera vez una mañana a conocer el lugar. En resumen, dado que tampoco soy la más indicada para hablar del proyecto ya que solo estuve allí en 6 ocasiones… tienen un edificio que están ampliando con la colaboración de personas americanas que apoyan a la ong www.tanzanianorphans.org. El edificio alberga clases y habitaciones. Por las mañanas dan clases a niño/as pequeños del barrio y tienen como idea ampliar la oferta hasta primaria, y a su vez, un grupo de unos 21 niño/as viven allí de forma más o menos permanente (dependiendo de la situación personal).


Unos días con Carol, con Gemma o sola nos acercamos a jugar por la tarde con los niño/as, y para mí pasar ese tiempo con esos niño/as y sus cuidadoras, ver la ilusión que les hacía pintar, cantar, jugar, explotar globos,…, fue conmovedor. El día que compramos 6 metros de cuerda para colgar un neumático de un árbol como columpio y vi la emoción e ilusión en sus caras algo se me partió por dentro. Pensé si ese columpio haría tanta ilusión a un niño o una niña de España, o si la ilusión se la quitaríamos nosotros con millones de juguetes, la Tablet, el móvil, la tele y el ordenador. Y te hace pensar… ¿Para qué?¿Cómo de felices seríamos sin todo eso que nos venden como felicidad? La

                                                                                   

gente tiende a decir…es que la ignorancia….cuando no sabes pues te conformas…pobrecitos… y me pregunto cómo de terrible es conformarse con una vida más sencilla, cómo de terrible es no tener 3 móviles, dos teles, dos coches, dos tablets y mil juguetes… y quién demonios nos ha hecho creer que nosotros somos el modelo a seguir, que todo lo que hacemos y vivimos está bien. Y pensé cómo de útil podría ser mi fugaz paso por allí, que llegué con mi revolución, con mis risas, mis ganas de jugar, de poner una cuerda para hacer un columpio si a los pocos días me iba a ir…de qué servía todo eso para esos niño/as que ya se habrán olvidado de nosotras porque simplemente sólo somos otras personas que pasaron por allí un ratito y se fueron. Y luego llegué a la conclusión de que no tengo que ser tan dura conmigo misma, porque lo que cuenta es lo que disfrutamos, sus clases de capoira y mis intentos de no parecer un pato mareado, y que ahora, después de todo lo que he vivido puedo estar hablando de esto en mi humilde blog y dar a conocer otras vidas, otras ongs y otros proyectos que han nacido desde el corazón y que tienen un largo recorrido por delante.



Como escribí el otro día en Facebook, sabes cuánto vas a echar de menos un lugar, una persona, un momento por el tamaño del nudo de tu garganta. Y al decir adiós a los niños y niñas de orfanato no sólo sentí ese nudo en la garganta, también sentí muchas ganas de llorar, lo mismo que cuando me despedí de los niños del summer camp o de la gente fantástica que he conocido en el hostel… y mientras me alejaba en el coche de Borncity y veía el paisaje seco, las casitas y sus habitantes borrosos pensé que echaría mucho de menos todo aquello, porque en poco tiempo me había construido una pequeña vida allí, pero también me dije que me podía sentir terriblemente afortunada de al menos haber podido vivir esa experiencia al menos una vez en la vida. La nostalgia y la pena que siento al escribir todo esto se irán y perderá algo de fuerza mi entusiasmo por hablar de mi mes en Arusha, pero los recuerdos quedarán junto a los de Bolivia, Calcuta, y tantos otros lugares que han revolucionado un poquito mi vida. Ojalá mucha gente se una a esta pequeña revolución de personas que tenemos muchas ganas de que la vida sea más justa y feliz para todo/as.