MIS VIAJES

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rakelclemen

DE SAFARI POR NGORONGORO Y SERENGETI

Escrito por rakelclemen 09-10-2016 en Serengeti. Comentarios (0)


Prometo ser menos reflexiva en esta entrada… es que me he puesto muy pensativa en este viaje pero ahora toca hablar de mi experiencia increíble de cuatro días de safari. Primer apunte, Safari en suahili significa viaje, es decir, que si vas a ver el Kilimanjaro y alguien te pregunta qué tal tu safari no le respondas “¿Qué safari? Si no he ido a ver animales.” Vamos al lío que yo ya me desvío del tema. Pues con mis chicas doctoras (Vicky y Saray) me fui una vez más de aventura, esta vez veríamos a los masáis a lo lejos y veríamos de cerca a muchos animalitos.




Nuestro primer parque fue el de Tarangire, relativamente cerca de Arusha. Tarangire significa Agua de Facónero (El famoso Pumba del Rey león) y es el nombre del río que atraviesa el parque. Hacía un calor horrible allí, al ser temporada seca estaba todo realmente sin verdor, sólo los Baobabs con su apariencia de árbol invertido evitaban que todo fuera una llanura seca.

Tuvimos la suerte de ver jirafas masáis, elefantes, un león a lo lejos, ñús, antílopes, beduinos, avestruces, dikis-dikis, faconeros, numerosas aves, cebras,… Estaba en alerta continua buscando animales, para los animales más difíciles de ver (como es en el caso de los Big Five) se van avisando por las radios que llevan los guías.

Dormimos la primera noche en una cabaña muy cuca en Kiboko campsite, donde conocimos a una pareja de amigos que serían compis del safari durante dos días, y donde pudimos ver bailes tradicionales de la zona. Todo muy turístico, pero es que éramos turistas. Después de esa noche se acabó el lujo y pasamos a dormir en tiendas de campañas.

Al día siguiente nos quedaba un largo camino, primero se entra por el parque Ngorongoro para poder llegar al Serengeti (Tierra lisa que no acaba). En la entrada del Serengeti tuvimos que esperar porque hubo un problema con el tema del dinero para las entradas. En la comida nos atacaban unos pájaros que hasta ese momento me habían parecido preciosos, pero que desde ese momento pasaron a mi lista de “no puedo con ese animal”, a esa lista la llamamos las tres “los Small Five”.




En Serengeti cambió un poco el paisaje los antílopes nos recibían por todas partes, miraras donde miraras había manadas de ellos. Fuimos en busca del león, animal que conseguimos ver junto a un árbol, había una leona con sus crías, también vimos un leopardo y un guepardo a lo lejos. La verdad que el día terminó siendo espectacular, una luz increíble, la pena que tuvimos que montar la tienda rápidamente porque se iba a hacer de noche y nos iba a caer el diluvio universal… que ya era casualidad que no hubiera llovido ni un día y llueva el día de la tienda. Por supuesto la tienda tenía filtraciones y nos empezó a entrar agua. Finalmente, dejó de llover pudimos ir a cenar la deliciosa comida que nos preparó nuestro cocinero.

Todo habría sido perfecto, la luna llena a un costado, la comida deliciosa en la mesa,… El problema fue cuando empezamos a ver sombritas de animales…era la sombra de otro “Small five” y lo de small es sólo un decir, porque las ratas tenían un tamaño considerable. Así que eso aligeró mi cena y me fui más rápida a dormir. La noche la pasé bien pero nos tocó madrugar muchísimo para ver el amanecer y empezar a ver animales que madrugan más que los humanos.

La mañana fue increíble, maravillosa, disfrutar del aire en la cara mientras veía animales que sólo había tenido oportunidad de ver en documentales fue una de las experiencias más emocionantes que he tenido en mi vida. Vimos de todo…leones, leonas, hipopótamos, cebras, una leopardo con sus crías… ¡Impresionante!

Nos tocó despedirnos con mucha pena del Serengeti, pero teníamos que pernoctar en Ngorongoro para estar temprano en el parque al día siguiente. En el camping había un pajarraco gigante que se paseaba entre las tiendas, parecía un hombrecito disfrazado de pájaro. La anécdota aquí fue que al ir a la ducha se había inundado todo el baño, pero tuvimos la suerte de que había otro baño un poquito más lejos, así que el tema de aseo estuvo arreglado por ese día. Montar la tienda ese día fue una odisea, el cocinero tenía el mismo conocimiento de montar tiendas que yo…es decir, nulo…así que para cuando poníamos por un lado un hierro pues se salía otro y así estuvimos un buen ratito los cuatro montando la tienda en la que dormiría, o en mi caso mal dormiría aquella noche a cuenta del frío. Al estar más alto caía una especie de niebla heladora que me dio la noche y parte de la mañana. Pero todo tiene su recompensa y en Ngorongoro vimos búfalos (otro de los Big Five) y flamencos, una charca llena de hipopótamos,… Preciosísimo, poder ver todos aquellos animales juntos, la naturaleza en estado puro, como se suele decir.


 



Sólo pensaba todo el rato, que todo el mundo debería ver esto al menos una vez en su vida. Lo que me lleva a otro tema, lo de todo el mundo, lo de los motores, lo de los jeeps casi encima de los animales,… realmente sentí lástima por los leones, todos alrededor como paparazzis con nuestras cámaras, algunas cámaras que vi tenían unos objetivos tan descomunales que temí que sacaran un ojo con él al animal. Y de pronto te das cuenta de que como hemos pagado pues nos vemos con derechos, derecho a ver en primera línea a los animales, derecho a tener la mejor foto, a invadir el espacio vital de los animales. Que sí… que es un pastón el safari, que sí …que has ahorrado media vida para llegar hasta allí, que sí… que te vas a alimentar de tortilla de patata durante un año porque te has gastado dos sueldos en llegar allí, pues muy bien y ahí estamos, pero debería ser con respeto, que no hace falta verle los pelos de la nariz a cada animal por mucha ilusión que haga. Al menos no si eso supone un montón de motores haciendo ruido y coches moviéndose de un lado a otro para tomar la mejor posición. Y esto es una autocrítica, porque lo fácil es cargar la responsabilidad en el chófer, en el que arranca el motor… Pero estoy segura de que si no se hiciera así la gente protestaríamos, porque para eso hemos pagado. ..

Por lo demás, os invito a todos a que vayáis a Serengeti, o a cualquier otro parque en el que podáis hacer un safari y os dejéis contagiar por el espíritu aventurero de Félix Rodríguez de la Fuente, porque sinceramente si hay algo hermoso en este mundo es la naturaleza, la vida, los animales y los lugares que habitan sin influencia del hombre. 


LA SILUETA DE LOS MASÁIS ES ALARGADA

Escrito por rakelclemen 08-10-2016 en Masáis. Comentarios (0)

Ir por una carretera hacia Ngorongoro y ver a los lados, en zonas casi desérticas, pequeñas aldeas hechas con barro, troncos y paja, o rebaños de cabras guiados por niños masáis o simplemente a un par de masáis que parecen surgir de la nada con su silueta alargada y su manta de cuadros como única vestimenta, llama la atención. He pensado mucho sobre ellos, sobre lo que he visto y sobre lo que nos contaron cuando fuimos de excursión a una aldea.



La ignorancia me acompañaba en esta excursión; de los masáis sabía que saltaban alto, y tenía un ligero recuerdo de la película  La Masái blanca”. Película que cuando vi en su momento pensé “maldita loca… quedarse allí por un masái que ni conoce”. Sigo sin saber casi nada de ellos, sólo me quedé con algunos datos que nos dio David, nuestro guía masái. Los Masáis son una tribu asentada en distintas zonas de Kenya y de Tanzania, por lo que he podido leer y escuchar no todas las aldeas funcionan igual (depende de la zona y del patriarca), pero casi todas tienen puntos en común.

Generalmente en cada poblado está el patriarca (jefe del poblado) que puede llegar a tener hasta 15 mujeres y con cada mujer una media de 9-10 hijo/as. Cada mujer vive en una doma construida por ella misma con sus hijo/as hasta que se hacen mayores, el hombre va rotando de casa según su deseo.  Cuando nace algún hijo/a se hace una celebración pero nunca más vuelven a celebrar cumpleaños. En las celebraciones es típico hacer danzas y bailes como los que nos hacen a los turistas en nuestras visitas, para ello se adornan mucho y las mujeres se ponen unos collares muy anchos hechos con muchas piedrecitas.

A los cuatro años a los niños se les hacen unas marcas en las caras, a los 7 años les quitan dos dientes de abajo y a los 11 años se les empiezan a hacer un gran agujero en el lóbulo de la oreja. Los grupos de edad y sus funciones se reparten generalmente de la siguiente forma (siempre teniendo en cuenta que hablamos de los niños, no de las niñas). Hasta los 14 los niños aprenden cosas básicas como a cazar o cuidar de los rebaños (que no a leer ni escribir, ya que no asisten por lo general a ninguna escuela), a los 14 años se les practica la circuncisión en público a los niños (la ablación de las niñas es en privado y sólo presenciado por mujeres). De los 15 a los 40 son guerreros (van peinados con trencitas, llevan un cuchillo a un costado y muchas veces llevan una vara). Las niñas permanecen en la aldea junto a las madres hasta que las casan con un varón de otra aldea, preparan té, van a recoger agua para lavar, cocinar y hacer el té (en palabras de nuestro guía: “No hacen nada”). Podría dar más información pero no soy antropóloga y es muy posible que hasta haya puesto datos equivocados en lo que he escrito hasta ahora.


Vayamos a lo que ha sido nuestra experiencia masái. Llegamos Vicky, Saray y yo junto con otro grupo de chicas al pueblo donde nació David, nos hicieron bailes mientras cantaban las mujeres, tomamos té con los hombres, vimos cómo terminaban de matar y empezaban a comer una cabra después de beber algunos su sangre y nos fuimos a comer. Felizmente nosotras no comimos cabra, nos dieron unas cajitas blancas con comida. Al terminar de comer el guía nos invitó a dar las cajas a los niño/as de la aldea, y ahí ves a las criaturas rebuscando entre lo que yo no he querido comer y tirando la caja y restos al suelo para seguir con su vida como si nada. Visitamos una casa por dentro, hicieron los saltos los hombres, yo hice un amago de salto ridículo en el que no levanté ni medio palmo, y nos llevaron al mercado Masái.

El mercado  es un caos de hombres principalmente, vendiendo y comprando de todo, comida, animales, mantas, chanclas hechas con neumáticos,…. Allí habría acabado nuestro encuentro Masái si no hubiéramos decidido que era una gran idea dormir en un poblado Masái. Nos unimos a otro grupo de chicas y volvimos a ver lo mismo, los bailes, la casa, el té…el mercadito que te montan para que compres pulseritas o collares hechos por ellas (ya sabéis… las que no hacen nada).  Despedimos a otro grupo de chicas que estaban entre sorprendidas y espantadas con que nos quedáramos allí a dormir.

Pues resulta, para sorpresa de las tres,  que ahí empezó lo mejor, lo divertido, lo surrealista,… Tuvimos el placer de conocer al padre de David y de todos los niños y no tan niños de la aldea. Nos reunimos en una casita que se ha hecho el guía con sofá y todo, y allí empezaron a sacar té y más litros de té (¡Qué manera de beber té!, ganan a los ingleses fijo) y teniendo a David de traductor (ya que ellos hablan Masái) pues fuimos haciendo preguntas y conociéndoles a ellos un poco. No he mencionado hasta ahora que casi todos los hombres tienen móvil,… y muchos con internet…pero no es casual que esto lo haya dejado para el final, en breves retomo el tema. Y entre sus móviles, que si saco mi palo selfie y nos sacamos unas fotos, que si qué risas aunque no nos entendamos nada, que menos mal que somos tres haciendo la locura de quedarnos allí, que si esto es lo mejor de todo… pues nos dieron las mil. Dormimos en la casita de David, básica, pero con bastantes más comodidades que las que tienen ellos, empezando porque tenía luz (aunque nada de baños en toda la aldea que para eso está el campo). Duermes de aquella manera, por cansancio, y piensas la de mierda que llevas encima, lo sucio que está todo, en que colchón más mugriento, y que aún así eso es un “lujo” allí. Al día siguiente madrugón para ver el amanecer, paseo por la zona y vuelta a Arusha haciendo autostop porque nos íbamos de excursión con toda la cuadrilla a bañarnos a unas Hot Spring.

Y después de todas las risas, de que sales de la anécdota turística y te quedas pensando en esos niños pastoreando que no van a la escuela, en esas niñas que no salen ni de la aldea, en esas mujeres que no deciden nada, ni si quiera cuándo podrán dormir con su marido compartido y que se considera que no hacen nada (porque pasa como aquí, que las labores del hogar se consideran nada)… y se te cruzan esos pensamientos con nuevas imágenes de niños masáis pidiendo dinero en la carretera mientras vas en tu jeep de Safari, y con la impactante imagen de un hombre bajando la ventanilla de su coche y lanzando lapiceros a un par de niños que ha visto en el camino (sin pensar en el peligro de lanzarse así, sin mirar, sin ser conscientes de que les puede atropellar un coche, todo por un lápiz que utilizarán en no sé muy bien qué porque se supone que nadie les va a poner un folio delante)… Y pienso en esas niñas mutiladas contra su voluntad por una tradición… Y se me mezcla todo en mi mente y me pregunto: ¿Se puede conservar una cultura y a la vez educar a los niños y las niñas y que no trabajen con el ganado que es su sustento? ¿Qué dejamos en un su cultura y qué quitamos? ¿Ponemos el móvil, pero no ponemos escuelas?...Y la silueta de los masáis se vuelve cada vez más alargada en mi mente.


ARUSHA, MUCHO MÁS QUE UNAS VACACIONES

Escrito por rakelclemen 08-10-2016 en arusha. Comentarios (0)

Hay vacaciones que son fáciles de contar simplemente porque han sido eso, vacaciones. Sin embargo hay experiencias que te revuelven por dentro, te hacen abrir muchos los ojos y te hacen reflexionar… Así que ahí voy, voy a intentar transmitir un poco no tanto lo que he vivido con detalle como las cuestiones que me he planteado durante y después de este mes de vivencia en Tanzania.

Cuando llegué a Arusha (base de mi viaje y voluntariado allí) iba con la idea  de hacer voluntariado  en un orfanato con niños (sin saber qué haría allí…más que nada lo que me echasen), vivir en un hostel dos semanas y otras dos semanas con una familia local. Al llegar a allí me encontré que el hostel, www.kadogoohostel.com no es hostel como una puede tener en mente, es más un hogar, una casa donde convives con mucha gente o con poca, según el momento en el que viajes. Y como en una casa, pues no todo está siempre ordenado, ni siempre hay silencio, ni siempre te puedes encerrar en tu habitación para aislarte del mundo. Es un lugar para compartir, un lugar donde conocerás voluntario/as locales y  extranjeros con un montón de inquietudes y ganas de cambiar las cosas, porque la gente que he conocido allí si algo teníamos en común es que somos inconformistas, queremos realizar cambios en este mundo que se nos presenta alineado, unidireccional, globalizado…

Y así me encontré en este viaje a gente que tenía muy claro a qué había venido a Arusha y a gente tan perdida como yo, que sabíamos que habíamos venido a algo pero no era a lo que habíamos tenido en mente. Y así descubrí www.progressforfrica.com y en concreto su proyecto actual CHAGUA MAISHA (que en Suajili significa “las decisiones que tomas en tu vida”). Os invito a visitar la página porque yo no soy capaz de explicar en pocas palabras en qué consiste este proyecto en el que hay tanta gente involucrada desde hace tiempo.

 Por dar unas pinceladas y decir algo, ahora se está terminando de construir una escuelita en el barrio de Borncity junto con una duka (tienda). La idea es que la escuela empiece a funcionar en enero con niño/as de 4-5 años, para más adelante hacer dos aulas. La duka se ha construido con el fin de poder financiar parte de los gastos que puedan surgir en la escuela. El espacio se usará con muchos fines, impartir charlas a las familias y muchas actividades más. Suena sencillo y simple, pero detrás de esto hay una gran labor de voluntarios/as de España, y de gente de Arusha y en concreto del barrio de Borncity. Todo el mundo se ha involucrado con la idea de crear una escuela e impartir una educación de calidad, con la colaboración de muchas madres y algún padre del barrio.

Durante mi tiempo en Arusha he participado con el resto de voluntarios/as en el summer camp, una actividad dirigida y abierta para los niño/as del barrio en el que lunes, miércoles y viernes, durante hora y media se compartían con ellos juegos, canciones y mucha diversión. Me encantaba ir allí, era mi momento de estar con niño/as, jugar, gritar: “Ruka ki Masai!” o cantar canciones divertidísimas con ellos.

Después yo tenía un montón de tiempo libre, así podía ir al centro en dala-dala (microbuses petados de gente) a comprar, pasear, visitar el mercado Masai, el mercado de segunda mano, o simplemente dejarme caer en Nakumat (un espacio para wazungus (blancos) y gente local con más poder adquisitivo) a tomar algo o comer pizza o comida mexicana. Y fue genial disfrutar de todo eso con “mis” chicas, y pasar por el agobio de la estación de dalas dalas, o llegar a un mercado y que todo el mundo te grite muzungu, y te quieran ofrecer sus productos,  te quieran ayudar a hacer tus recados, o te miren 12 personas mientras compras un billete de bus o una cuerda. ¡Qué expectación generamos las personas blancas! No me imagino caminar por Bilbao y gritar a alguien “Negro, ¿qué tal?”, pero aquí es eso, forma parte de la vivencia.

Y con el paso de los días hice mis excursiones de turista, despedí a gente genial y recibí a gente igualmente estupenda que también venía con muchas ganas. Poco a poco me fui creando un poco mi rutina o desrutina en Arusha, y el hostal Kadogoo se convirtió en mi casa temporal. ¿A dónde vas? Voy a casa… Y sentía que podía hacer más o que podía engañarme a mí misma pensando que podía hacer más en el tiempo que me quedaba allí. Así que un día con Carol (una voluntaria que junto con otras personas ha formado la ong “volunteermap” www.volunteermap.org , con la idea de ser hilo de unión entre voluntarios y distintos proyectos de voluntariado gratuitos en el mundo) y James (un voluntario local que es buenísima persona) fuimos a ver el Orfanato de Olasiti.

Este orfanato está ubicado en otro barrio alejado del que vivíamos, aunque caminando durante unos 40 minutos se podía llegar perfectamente, y si el calor o el tiempo apretaban pues se podía ir en piki-piki (moto-taxi…toda una aventura). Fuimos por primera vez una mañana a conocer el lugar. En resumen, dado que tampoco soy la más indicada para hablar del proyecto ya que solo estuve allí en 6 ocasiones… tienen un edificio que están ampliando con la colaboración de personas americanas que apoyan a la ong www.tanzanianorphans.org. El edificio alberga clases y habitaciones. Por las mañanas dan clases a niño/as pequeños del barrio y tienen como idea ampliar la oferta hasta primaria, y a su vez, un grupo de unos 21 niño/as viven allí de forma más o menos permanente (dependiendo de la situación personal).


Unos días con Carol, con Gemma o sola nos acercamos a jugar por la tarde con los niño/as, y para mí pasar ese tiempo con esos niño/as y sus cuidadoras, ver la ilusión que les hacía pintar, cantar, jugar, explotar globos,…, fue conmovedor. El día que compramos 6 metros de cuerda para colgar un neumático de un árbol como columpio y vi la emoción e ilusión en sus caras algo se me partió por dentro. Pensé si ese columpio haría tanta ilusión a un niño o una niña de España, o si la ilusión se la quitaríamos nosotros con millones de juguetes, la Tablet, el móvil, la tele y el ordenador. Y te hace pensar… ¿Para qué?¿Cómo de felices seríamos sin todo eso que nos venden como felicidad? La

                                                                                   

gente tiende a decir…es que la ignorancia….cuando no sabes pues te conformas…pobrecitos… y me pregunto cómo de terrible es conformarse con una vida más sencilla, cómo de terrible es no tener 3 móviles, dos teles, dos coches, dos tablets y mil juguetes… y quién demonios nos ha hecho creer que nosotros somos el modelo a seguir, que todo lo que hacemos y vivimos está bien. Y pensé cómo de útil podría ser mi fugaz paso por allí, que llegué con mi revolución, con mis risas, mis ganas de jugar, de poner una cuerda para hacer un columpio si a los pocos días me iba a ir…de qué servía todo eso para esos niño/as que ya se habrán olvidado de nosotras porque simplemente sólo somos otras personas que pasaron por allí un ratito y se fueron. Y luego llegué a la conclusión de que no tengo que ser tan dura conmigo misma, porque lo que cuenta es lo que disfrutamos, sus clases de capoira y mis intentos de no parecer un pato mareado, y que ahora, después de todo lo que he vivido puedo estar hablando de esto en mi humilde blog y dar a conocer otras vidas, otras ongs y otros proyectos que han nacido desde el corazón y que tienen un largo recorrido por delante.



Como escribí el otro día en Facebook, sabes cuánto vas a echar de menos un lugar, una persona, un momento por el tamaño del nudo de tu garganta. Y al decir adiós a los niños y niñas de orfanato no sólo sentí ese nudo en la garganta, también sentí muchas ganas de llorar, lo mismo que cuando me despedí de los niños del summer camp o de la gente fantástica que he conocido en el hostel… y mientras me alejaba en el coche de Borncity y veía el paisaje seco, las casitas y sus habitantes borrosos pensé que echaría mucho de menos todo aquello, porque en poco tiempo me había construido una pequeña vida allí, pero también me dije que me podía sentir terriblemente afortunada de al menos haber podido vivir esa experiencia al menos una vez en la vida. La nostalgia y la pena que siento al escribir todo esto se irán y perderá algo de fuerza mi entusiasmo por hablar de mi mes en Arusha, pero los recuerdos quedarán junto a los de Bolivia, Calcuta, y tantos otros lugares que han revolucionado un poquito mi vida. Ojalá mucha gente se una a esta pequeña revolución de personas que tenemos muchas ganas de que la vida sea más justa y feliz para todo/as.


CAMINANDO AL FIN DEL MUNDO: FISTERRA/MUXIA

Escrito por rakelclemen 03-07-2016 en FISTERRA. Comentarios (0)

“Sentada junto a un río, descansando los pies después de refrescarlos en el agua, hago repaso del día. Esta primera etapa hacia Finisterre ha sido preciosa. Hemos atravesado senderos, un puente del SXV junto a la iglesia de El Carmen. La verdad que está mereciendo la pena este camino, y mucho. Me siento afortunada de compartir esta parte con María, Encarni y Bitor. Después de comer estupendamente hemos venido al río que pasa por Negreira a refresacarnos los pies.”

Todo esto lo escribí sentada en un banco en Negreira. La noche fue genial, había una mujer y un chico que tocaban el violín y estuvieron tocando hasta que bajó un peregrino que estaba ya durmiendo. Aquí ya conocimos a gente con la que fuimos coincidiendo en otros momentos del camino, compartiendo vivencias de lo que cada uno había recorrido, haciendo planes para recorrer futuros caminos,…sintiendo el camino. (Bienvenidos todos a la secta “El Camino”, deberían avisar de que crea dependencia.)

Llegar a Olveiroa se convirtió en una especie de pesadilla para mí. Hasta que paramos para comer todo fue bien, senderos, arbolitos, pueblitos pequeños,….Fue comer el bocata, salirme una especie de Alien en la planta del pie y empezar un horror de caminar por asfalto hasta el albergue. Allí hicimos reunión curando ampollas con un chico de La Rioja, y de charla con otra mucha gente. La cena la hicimos en un pequeño txoko con un chico de Moreia, y otro día que me acosté tardísimo, acumulando sueño y cansancio y mucha emoción.

Dado el estado de nuestros pies decidimos cambiar nuestro plan y dividir el camino a Fisterre en dos, que era lo que hacía la mayoría de la gente. El recorrido ese día fue increíblemente bonito de principio a fin. A primera hora pasamos sobre el río Xallas con unas vistas espectaculares. A la altura del cruceiro da Armada se podía ver la costa, el cabo Finisterre y el pueblo donde íbamos a echar el día, Cee. Cee fue todo un acierto, no sólo por ser un pueblo pesquero muy bonito, sino sobre todo por el albergue A Casa Da Fonte. Un albergue pensado para peregrinos, muy bien equipado y los chicos que la regenta muy, muy atentos y amables. La pena que la playa donde podíamos nadar estaba en Corcubión, para variar otros dos kilómetros de ida y otros dos de vuelta.

De Cee a Fisterra sólo había una distancia de 15 kilómetros, por lo que llegamos muy temprano, por una ruta que comenzó con poco interés, pero que se convirtió en un espectáculo al acercarnos a Finisterra. Una playa larguísima de arena blanca, gente paseando por la orilla,… nosotros la recorrimos por las dunas, por camino. Reencuentro con Javi de Bilbao, y homenaje de comida por todo lo alto. Por la tarde las chicas nos pusimos en modo playa y fuimos a la de Fora. Un lugar casi paradisiaco, lástima que el agua estuviera tan fría, tan fría, que cortaba la respiración. Para cerrar el día no podíamos perdernos el atardecer desde el Faro, quemar deseos (aunque la tradición debe ser quemar las botas o ropa) y echar unas risas bajo un cielo anaranjado ante un océano inmenso. Otro día redondo.

Llegar a Muxia no costó mucho, a pesar de que los kilómetros ya pesaban, la mochila, y las horas sin dormir, la ilusión de llegar, las vistas de las playas que pasábamos (Lourido, Lires,…) y finalmente Muxia. Probablemente sea el lugar que más me ha gustado este año. Especialmente la zona de la iglesia de Santa María (que se quemó el 2013). Es difícil transmitir lo que se siente estando sentada sobre una de esas rocas ovaladas en las que rompen las olas con furia. Una paz, una energía,…dan ganas de quedarse siempre allí. El mundo se para, la mente se detiene, y todo lo demás no importa, sólo sentir, sentir, sentir…

Sentir que se acaba este camino, pero que quedan muchos más, que quedan muchas ilusiones, y por encima de todo, sentir que lo comparto con gente que merece muchísimo la pena. ¡Qué grande es caminar con los pensamientos de uno, una mochila llena de cosas básicas y con muchas ganas de seguir viviendo!


DE RIBADEO HASTA SANTIAGO. CASI FIN DE CAMINO

Escrito por rakelclemen 03-07-2016 en CAMINO. Comentarios (0)


El camino siempre es especial, hacer el camino es como hacer un repaso a la vida. Un día te levantas bien, enérgica, con ganas de hacer 30, 40 kms y al día siguiente te sientes cansada, con los pies doloridos y ganas de recorrer como mucho 5 kms. Pero como sucede en la vida, coges tu mochila, que siempre pesa más de lo debido y llegas hasta donde tenías pensado llegar, bajo la lluvia, bajo el sol, entre la niebla, con lo que toque…

La magia del camino es que puede que empieces andando sola, como ha sido mi caso y en una cuesta comiences a adelantar a otros peregrinos, conozcas a gente que se conviertan en tus compañeros de camino por unos días. Yo tuve la fortuna de conocer a Julia y Toba, una pareja de Tenerife, y con ellos llegué hasta Lourenzá.

Y el conocer a esas personas cambió mi modo de vivir en el camino. Ellos cocinaban en los albergues, cosa que yo jamás había hecho. Y así comenzó mi ruta gastronómica por Galicia, con ellos y dos chicos de Bilbao, Bitor y Javi. Mondoñedo con su impresionante catedral, paisajes increíblemente verdes y vaquitas, acompañaron mi ascensión hasta Gontán. Una etapa durilla por ser casi todo el tiempo monte hacia arriba. Como recompensa comí pulpo con Javi, un chico de Madrid muy majete, con el que caminé hasta Santiago.

De Gontán a Vilalba nos separaban 22 kms, pero que se me hicieron eternos. Caminamos muy despacio, al ir todos juntos parábamos más, y al final se nos juntó el calor con un tramo de carretera abrasador. El día más corto, se convirtió en el más largo. Vilalba es bastante bonito, tiene un par de zonas interesantes, como el parador y un paseo junto al río, donde han habilitado dos playas artificiales.

Caminar hasta Baamonde, 20 kms, se pasó como un suspiro, a las 11.30 ya estábamos esperando en una terraza a que abrieran el albergue. Este día me encantó. Por una lado el albergue era genial, pudimos hacer una comida entre todos muy buena, dar un paseo al rio y finalmente, como cierre del día visitar la casa museo de Victor Corral. Víctor es un escultor bastante conocido en Galicia, en Vilalba consiguió que no talaran un árbol tallando la imagen de la Virgen en su tronco. Su casa, diseñada por él, es una preciosidad, con jardín, esculturas realizadas con distintos materiales. Realmente merece la pena visitarlo y que él te cuente sus historias, desde que era pastor hasta que se convirtió  en escultor. Estoy segura de que ha tenido una vida apasionante, al menos esa es la sensación que transmite él. Te hace sentar en su trono de piedra para tener una foto con él, un hombre peculiar y al mismo tiempo entrañable.

El día siguiente fue todo lo contrario, llegar hasta Roxica, 27 kms, bajo un sol de justicia se hizo largo, especialmente la última hora. Pensar que has llegado a Roxica y comprobar que aún quedan dos kilómetros y  llegar a la conclusión de que Roxica se traslada de sitio porque no te salen ya las cuentas de kilómetros. Allí no había nada, y había todo. Estaba solamente la casa de Elena y su marido con sus animales. Así que tocó día de tranquilidad, charlando con Elena, y con algún otro peregrino. Atrás habíamos dejado a la pareja de Tenerife, que llevaban otro plan de camino y seguíamos juntos el camino los vasquitos con el chico de Bilbao.

Al día siguiente caminamos hasta Boimorto, pasando el lago de Sobrado, el monasterio de Sobrado Dos Montes. Boimorto no tiene mucho, pero el albergue de peregrinos está muy muy bien, es amplio, limpio, nuevo…una vez más volvíamos a estar poca gente. Qué maravilla respirar tranquilidad, paz, poder leer, descansar… Paz que se acabaría pronto, pues al día siguiente enlazábamos ya con el camino francés y restos de caminos. En ese punto aquello parecía Benidorm, peregrinos y más peregrinos, gente y gente caminando con mochilas, sin mochilas, gente de todas las edades y países. Me gustaría haber podido disfrutar de ese nuevo contraste, pero no quería salir de mi zona de tranquilidad. Aún siendo noche de San Juan, en O Pedrouzo me sentía cansada para salir a tomar algo o ir a ver la sardinada que organizaban, así que continué con mi rutina de leer y dormir. Al fin y al cabo al día siguiente tocaba llegar a Santiago y recibir a mis amigas que se unían a esta pequeña aventurilla.


Atravesar Monte do Gouzo con la cascada de gente y entrar en Santiago no me hizo sentir especialmente emocionada. Cualquier otro día de camino me ha producido mayor sentimiento de alegría, emoción, de sentirme especial, de creer que realmente estaba viviendo algo mágico. Entré en la misa de peregrinos, pero confieso que no fui capaz de esperar hasta el final, después de visitar un poco la catedral fuimos al alojamiento a ducharnos y prepararnos para otra gran comilona. Para esa comida ya había llegado María, aires nuevos, nuevas ilusiones y un nuevo recorrido por hacer. Después de despedirnos de Javi el madrileño, de pasear un poco por Santiago,  hacer algunas compras para el día siguiente, fuimos a recoger a la estación de autobuses a Encarni. Ya estábamos el grupo de cuatro que haríamos lo que llaman el epílogo: Fisterra, Muxia… pero ése es otro capítulo para relatar.