MIS VIAJES

MADEIRA, LA ISLA VERDE Y CON CUESTAS

Me ha encantado Madeira, y no lo digo por decir, es un sentimiento real. Tienes casi de todo cerca, digo casi, porque si te gustan las playas largas de arena y caminar en llano, ésta no es tu isla, pero si disfrutas del verde, de la naturaleza, de la montaña, del mar salvaje, de la buena gastronomía y de la paz, ésta sí es tu isla.



Nos alojamos en Funchal, en un apartamento grande y a muy buen precio y de ahí nos movimos en el coche de alquiler por toda la isla. Nuestro primer día entero allí nos movimos por la autovía en la que se atraviesan decenas de túneles y rotondas, así como por sus características carreteras estrechas, en curva y muy empinadas… Hicimos andando la ruta de las 25 fuentes, nos bañamos en las piscinas naturales de Porto Moniz y nos perdimos por sus carreteras, lo que nos permitió visitar otros lugares como Calheta.

El segundo día nos quedamos por la mañana en Funchal, para sacar los billetes del ferry a Porto Santo, subir en funicular hasta Monte para luego bajar en cestos. Sí, una turistada enorme, pero muy divertida que consiste en montarse en unos cestos y que dos hombres tiren del cesto, en unos casos, o frenen, en otros, con sus zapatillas mientras tiran de unas cuerdas que sirven como volante, para evitar que te tragues alguna pared…. Como los cestos, a pesar del precio, no te bajan hasta la parte céntrica de Funchal, pues luego nos tocó bajar desgastando nuestras suelas por la carretera, andando, hasta el mercado de frutas y flores.

Regresamos al coche y otra vez aventura sobre ruedas por calles cortadas, stops imposibles…todo para llegar a Santana, donde se pueden vez las casas típicas de Madeira con los techos de paja. Fuimos volviendo a casa y tomamos algo en una terraza de Machico y terminamos cenando de maravilla en Camara de Lobos, donde, por supuesto, por fin pudimos probar la famosa Nikita (una bebida cuya base es el helado de piña y la piña…una delicia para el paladar).

El tercer día disfrutamos por Porto Santo, otra islita pequeña que queda a dos horas y media de Madeira. Aquí hay una playa de arena de unos 9kms que en un principio decepciona por su paisaje pero que termina enamorando por el encanto del pueblo, donde además de poder ver tienditas, catas de vinos, se puede visitar la casa donde vivió Cristobal Colón antes de empezar su viaje hacia América. Un día de tranquilidad nos vino muy bien a las cuatro, después de tanto viaje, excursión y caminar.

Nuestro último día en Madeira lo aprovechamos para visitar el jardín botánico de Funchal. Una pena que se quemaran las orquídeas en un incendio que hubo muy grande hace un par de años (si no me falla la memoria). Así que el jardín es bonito, pero se queda un poco pobre sin las orquídeas. Nuestro último reto fue encontrar una gasolinera antes de devolver el coche en perfecto estado en el aeropuerto. Yo tenía tantas ganas de devolver el coche después de esos cuatro días locos conduciendo, pero también me apenaba irme de una isla con tanto encanto.

Los detalles sobre carreteras sin salida, dinero retenido, semáforos en rojo y sirenas, el baile del zaunka zaunka, la imagen de San Juan Bosco Ronaldo y tantas anécdotas que tanto me hicieron reír, incluso en momentos en los que pensé que sería imposible que me riera, me los guardo para mi memoria y nuestro próximo encuentro. ¡Grande Madeira y su gente! ¡Grandes las amigas con las que he viajado! Mil veces gracias por esta nueva oportunidad de conocer otro pedacito de este hermoso planeta.


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