MIS VIAJES

9 DÍAS DE VOLUNTARIADO EN ATENAS


Me resulta complicado explicar una realidad tan compleja como la que se está dando en Grecia con la crisis de refugiados en una entrada de blog, así que me limitaré a contar un poco qué es lo que hemos y qué es lo que no hemos hecho estos días en Atenas.

El primer día visitamos el Squad Jasmine, a las 11h que es cuando dan el desayuno a los niñxs. Como no hacía falta nada más nos invitaron a regresar por la noche, ya que tenían una actividad de ir a la bolera con los más jóvenes. Así que por la noche nos unimos a la actividad de los bolos, lo que nos permitió entrar en contacto con otros voluntarios y algunas de las personas alojadas en los Squads.

A Jasmine volvimos días después a una actividad con mujeres que había planificado una voluntaria que da clases de inglés allí. Así que yo que no me maquillo casi nunca, ni me pinto uñas tuve la oportunidad de ser cuidada y mimada por una de las chavalas del Squad. En esa oportunidad vimos el rechazo de una mujer a salir en fotos por temor a represalias por parte de su marido. Se entiende ese miedo cuando tu situación es considerada ilegal en un país en el que ni si quiera quieres estar. Nos contó que además de los tres niños que veíamos allí, tenía otro hijo más mayor al que mató una bomba. Lo contaba con calma, como si ya hubiera asimilado todo el dolor, ese dolor que no puedo llegar a imaginarme.

También visitamos el City Plaza, un hotel bastante decente donde conviven refugiados con un grupo de voluntarixs residentes allí. Aún con sus carencias, sus dificultades y la complejidad de convivir en un lugar que no quieres, con gente que no has elegido y en una situación tan precaria, es con diferencia uno de los mejores Squads (tienen su cocina, duchas con agua caliente 2 horas al día, está limpia la zona común…) Allí es casi un lugar de reunión de voluntarixs, en la cafetería, donde puedes tomarte un café, un té o un zumo de naranja. Con ellos tuvimos la oportunidad de compartir medio día de comida y volar cometas, una tradición griega para el primer lunes de Cuaresma, lo llaman el Clean Monday, porque se suele comer pescado y nadie come carne, en un país donde uno de los ingredientes que no falta es la carne.


El domingo tuvimos la oportunidad de ir a Thermopyles, donde tuvo lugar la batalla espartana tan famosa que se vio filmada en la película “300”. En ese lugar situado a 2 horas en coche de Atenas y unos 6 peajes de distancia hay unas aguas termales que tuvieron en su momento dos hoteles que fueron afectados por la crisis y abandonados. Allí ahora se asienta un campo de refugiados que depende del Estado. Hasta ahora la comida les llega de catering, y el gobierno les suministra agua, leche y otros elementos de primera necesidad. La gente que vive allí se queja de su situación, no pueden comer lo que quieren, no les llega toda la ayuda, dicen que pasan frío por las noches… Allí vimos muchos niñxs con los que estuvo jugando un grupo de voluntarixs noruegos con los que fuimos a repartir algo de material que habían recolectado. En Thermopyles hay una escuelita funcionando y hay atención médica todos los días de la semana.

Donde más voluntariado hemos hecho ha sido en el almacén de Elliniko. Es un almacén compartido con el gobierno. En la parte que gestiona el equipo de voluntarios hay gente trabajando siempre organizando los palés y cajas que llegan y clasificando todo para poder distribuir. Los ojos se salen de las órbitas al ver la cantidad de cajas de ropa que hay allí, un trabajo descomunal de envío y de recibo. La sección de comida se ve pequeña al lado de las montañas de cajas de ropa aún por distribuir. Nos quedamos un poco con una sensación de “esto es una locura”. Felizmente hay mucha gente individual y pequeñas organizaciones que van dando salida a todo ese material según la demanda que haya en los Squads y campos de refugiados. Apreciamos una falta de transporte para hacer llegar a todos los lugares la ayuda necesaria. Nosotros nos limitamos a doblar ropa y clasificarla por edades, almacenar las cajas,… Otros se encargaron del calzado, de las sábanas, de la comida,… cada uno tenía su pequeño lugar en el almacén y queda tanto por hacer…

Nos sorprendió descubrir una pista gigante de baloncesto donde se celebraron las olimpiadas en 2004, pero aún más descubrir que el lado del Gobierno hay cajas tiradas y montañas de ropa hechas montañas…aspecto desolado, de abandono pero custodiado por un guardia de seguridad las 24 horas del día.

No podía irme sin acercarme al campo de refugiados de Elliniko, del que todo el mundo hablaba pero al que no se puede acceder salvo que tengas permiso. Yo no conocí a nadie que hubiera estado dentro. Desde fuera vimos carpas de ACNUR, una ambulancia de Médicos sin Fronteras, y gente entrando y saliendo. Está todo vallado, pero con zonas abiertas. Así que la gente puede salir, a pesar de la vigilancia que hay, lo que no es tan fácil es entrar (supongo que por seguridad). Podríamos haber entrado pero tampoco me llevaba nada ver las tiendas extendidas en un antiguo campo de deporte donde malviven ahora un montón de refugiados afganos, poco me podía aportar y menos aún podía aportar yo, así que nos mantuvimos fuera de la cerca. Hay un grupo de voluntarias tratando de conseguir permiso para poder organizar actividades para los niñxs de allí, porque los días son largos cuando no tienes adónde ir y poco que hacer.

El sábado, nuestro último día por Atenas lo dedicamos a hacer compras con Dimitri (el conductor de SOS refugiados) en el mercado (kilos y kilos de pollo y de yogurt). Todo era un caos, los vendedores a gritos vendiendo sus productos, y la sección del pescado no desmerecía en gritos y ajetreo de gente. Allí fuimos a comprar sardinas para la fiesta de cumpleaños de uno de los voluntarios que colabora en el City Plaza.

Por la tarde fuimos distribuyendo, junto con Patricia, la ayuda a distintos Squads según la necesidad y también hicimos un intento de comprar un colchón para un chico Iraquí al que había robado su colchón al mudarse de Squad, pero todas las tiendas estaban cerradas. Acabamos el día y casi todas nuestras andanzas en Hope café, un proyecto de Kerrie, una gran mujer que lleva tiempo colaborando en Atenas. Terminamos haciendo una supercompra en un supermercado con el resto del dinero que nos quedaba para distribuir una cesta de productos básicos para 30 familias. La odisea de llevar dos carros que eran casi imposibles de mover por unas aceras en cuesta y todas rotas… no tiene desperdicio.

Haciendo balance de mi paso por Atenas puedo decir que he aprendido mucho, he escuchado muchas historias, no todas muy agradables, he visto que en todos los lugares hay gente con muy buena voluntad, pero también hay personas que se aprovechan de las situaciones precarias que les suceden a otros. La situación de los refugiados es injusta y alarmante, no se puede permitir que se queden atrapados en un país en el que ni si quiera quieren estar, no se puede permitir que los Estados se salten los derechos humanos. He intentado imaginarme la vida en un campo de refugiados, conviviendo en un pequeño espacio con cientos de personas, con la impotencia de querer moverme de allí pero no poder hacerlo por ser considerada una ilegal, imaginando que han matado a mis hijos o que han destruido mi casa,… y no puedo visionarlo, la verdad es que no puedo hacerme una idea real de lo que están pasando. La solución no está en enviar contenedores con ropa o comida, la solución está en la calle, en movernos, en protestar, en que los gobiernos cumplan con sus obligaciones, en que faciliten una vivienda o un lugar adecuado para esas personas, o al menos no se las tenga encerradas como si fueran delincuentes. Son personas como yo que buscan una oportunidad en la vida.

La cara amable de este viaje ha sido conocer a tanta gente solidaria y con ganas de cambiar las  cosas, gente que dedica su vida a esta causa que no se sabe cuánto se alargará en el tiempo. Tener unos anfitriones de primera en el piso donde encontramos habitación, Marcio, Sofia y su compañero de piso (Lorenzo) ha sido una suerte. Eran cada día un golpe de aire fresco y de risas al volver a casa. Con Sofía hemos aprendido un poco más sobre la situación que se vivió en Lesbos hace unos meses cuando llegaban decenas de barcas con gente a diario, un poco de cultura y gastronomía griega  así como la mejor forma de moverse en autobús por Atenas.

Atenas como ciudad es un espanto, es enorme, con edificios viejos, feos, tráfico caótico, motoristas sin casco, conductores sin cinturón, personas fumando en cualquier lugar, inexistencia del reciclaje,…es como si Grecia se hubiera quedado atrapada en el tiempo, lo que tiene su encanto pero a la par da sensación de desorganización.

Lo más bonito es la zona centro, la turística, donde se encuentra la Acrópolis, la zona de la Ágora Antigua o la Biblioteca de Adriano. Puedes encontrar restos arqueológicos en cualquier lugar, en el metro, en la entrada de un museo o de una cafetería,…la Historia está en todas partes, pero muy dañada y menos cuidada de lo esperado. Aunque le hemos dedicado poco tiempo a la cultura, madrugando se pueden visitar todos los lugares mencionados y alguno más… Nos quedaron los museos,… tal vez para otra ocasión… Quién sabe si volveré a este lugar que me ha provocado tantos sentimientos enfrentados de amor y rechazo a la vez, lo que está claro es que no me ha dejado indiferente nada de lo que he visto y vivido.


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