MIS VIAJES

DETALLE DE MIS AVENTURAS

rakelclemen

CIUDADES: BOGOTÁ, CARTAGENA DE INDIAS Y MEDELLÍN

Escrito por rakelclemen 06-11-2017 en Bogotá. Comentarios (0)

No soy mucho de ciudad: edificios grandes, ruido, mucho tráfico... Aún así había tres ciudades que no nos podíamos perder, dos porque queríamos visitar a gente muy querida para nosotros y otra por motivos más culturales. De Bogotá me quedo con el Museo del Oro y con Monserrate. A esta última subimos en funicular y bajamos andando, si uno se encuentra en forma se puede animar a subir andando, siempre teniendo en cuenta que se encuentra a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar, por lo que uno se cansa más de lo habitual. Poder ver a la virgen de Monserrat o simplemente poder contemplar las vistas de la ciudad, ya hace que merezca la pena subir.


Hicimos una excursión desde Bogotá a Zipaquirá, para visitar la Catedral de Sal, la nueva, porque la original no se puede visitar ya por seguridad. Pasamos medio día bajo tierra visitando la catedral más original que he visto en mi vida. Nos tocó un guía muy simpático y que nos explicó todo al detalle. Como compramos el bono completo estuvimos picando sal en una parte de la mina. Yo, picar lo que es picar, no es que picara mucho, pero al final conseguí mis trocitos de sal de recuerdo, pero si me dedicara a ello sufriría mucho con un pico casi más grande y pesado que yo. Cerramos la excursión visitando un poco el propio pueblo.


En Cartagena de Indias vivimos mucho el contraste de la realidad de la gente que vive allí con la parte turística. La realidad es caótica, sucia, llena de gente y de vehículos. Nos sucedió una anécdota bastante curiosa yendo en taxi a la terminal de autobuses. Nos tocó un conductor bastante hablador, nos contó muchas cosas sobre la ciudad. Le preguntamos por el tráfico y si había problemas entre ellos y nos dijo que la gente era tranquila, que conducían brusco pero sin conflictos (Todo esto mientras iba adelantando vehículos a lo loco).  A los 5 minutos de decir esto, se le metió un coche delante de mala manera y salió del coche amenazando al otro conductor, el otro le pasó golpeando el retrovisor y nuestro conductor, no contento con todos los gritos que le daba al otro, se volvió a bajar y decirle al otro para pegarse. Nosotros ojipláticos y en silencio contemplando todo... Menos mal que el otro conductor pasó de él y pudimos llegar a la terminal sin más incidentes.

A la vuelta de la terminal al centro cogimos un autobús, tardamos una hora, no sólo porque la terminal está lejitos y porque para a recoger y dejar gente cada 30 segundos, sino porque aquello no tiraba ni empujándolo. En más de un momento pensamos que nos quedabamos allí tirados. En fin, anécdotas aparte, lo que merece la pena en Cartagena es el Castillo de Felipe de Barajas, con la obligada foto del mismo desde el monumento a los zapatos y toda la zona de la Torre del Reloj y ciudad amurallada, Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.


Cartagena tiene una historia  muy interesante, pero también muy dura, que todo el mundo la quisiera para sí hizo que pasaran muchas penurias la gente que vivía allí. Actualmente es la única zona donde  se puede pasear tranquilamente, pues está lleno de seguridad y muy cuidado. Estando allí se puede desde ver la casa donde vivió Gabriel Garcia Marquez, al museo naval, callejear por sus preciosas calles, visitar numerosos museos,  hasta admirar los edificios (muchos de ellos ahora convertidos en hoteles  y boutiques de lujo) y, para el que tenga más dinero, comprar o alojarse en uno de estos lugares. Nosotros descubrimos muchas curiosidades y rincones gracias a un tour guiado gratuito (se da un propina conforme a lo interesante que te parezca el tour) y volvimos a la zona donde nos alojabamos, Getsemaní. Un barrio, aunque bastante turístico, con un ambiente más bohemio, con muchos espectáculos de calle y el helado más rico del mundo,del que dimos buena cuenta sentados en la plaza de La Trinidad.

La última ciudad que visitamos fue Medellín. Como no teníamos mucho tiempo básicamente recorrimos lo que nos enseñaron en otro tour guiado "gratuíto". Esta vez nos tocó el tour en inglés, pues se ve que no hay mucho turismo de habla hispana y durante casi cuatro horas recorrimos diferentes puntos emblemáticos de la ciudad. Desde la plaza Minorista, el Centro Administrativo Alpujarra, pasando por la interesante plaza del escultor Fernando Botero. Aunque esta plaza la tienen bastante custodiada por la seguridad, realmente uno no se siente tan seguro como en otros lugares turísticos. Las calles están llenas de gente ambulante vendiendo todo tipo de productos, gente, gente y gente. Me gustó el tour porque nos contaron historias muy interesantes y de otra manera, habría pasado por muchos lugares sin haberme enterado de lo que realmente estaba viendo.


Ésta es mi última entrada sobre Colombia, un país que nos ha fascinado, del que nos habría gustado haber podido visitar más lugares, como el Amazonas, el Eje Cafetero, la zona del Pacífico y mil rincones más. Aún así nos hemos ido muy satisfechos por haber podido hacer tantas cosas maravillosas, por haber sido recibidos en cada lugar con tanto cariño y con tantas ganas de hacernos sentir bien, porque hemos vivido momentos inolvidables y emocionantes  en cada lugar que hemos visitado, y eso es muy difícil de conseguir en un viaje de tantos días. Gracias a todos los que nos habéis abierto vuestra casa (Cristina, Manu y Leyre), por mimarnos y acogernos tan bien a pesar de lo ocupados que estabais  los días que os visitamos. ¡Gracias de corazón!

EL BARCO VOLADOR DE PROVIDENCIA A SAN ANDRÉS

Escrito por rakelclemen 31-10-2017 en Providencia. Comentarios (0)


Después de nuestras andanzas por la calurosa Cartagena volamos a unas remotas islas que pertenecen a Colombia. Nuestro objetivo era Providencia, pero para llegar a Providencia hay que pasar primero por San Andrés.

En San Andrés, entre que nos alojamos en una casa muy cutre (según abrí el primer armario me salieron a saludar 3 cucarachas gigantes), que la primera tarde nos diluvió y no pudimos hacer gran cosa. Nos fuimos a Providencia con la sensación de que San Andrés había perdido la esencia de isla paradisiaca.

Para llegar a Providencia hay dos opciones, o una avioneta que tarda 20 minutos o un catamarán que tarda 3 horas dando tumbos continuamente. Ya había leído sobre ello, así que estaba preparada con mi biodramina, y además me tomé el “mareol” que me dio la propia compañía del catamarán (Cómo será la cosa para que te faciliten ellos mimos el mareol con un poco de agua y una bolsita de plástico). Sobreviví al frío bien tapada (ponen el aire acondicionado para los pingüinos) y a los saltos que daba la embarcación con los ojos cerrados, sin moverme y conteniendo la respiración cada vez que escuchaba que paraban el motor y salíamos volando.

Después del trajín del viaje, que bien merece una entrada al blog casi exclusivo, llegamos a una isla preciosa, verde, con casitas pequeñas, cabañitas adorables, limpia y con poca gente (Todo lo contrario de lo que habíamos visto en San Andrés) y un agua de un azul que hace daño a los ojos. ¡Impresionante! Al poco de llegar, la mujer del supermercado nos puso en contacto con su sobrino y terminamos haciendo un tour alrededor de la isla en  una barquita.


Vimos la Cabeza de Morgan en la isla Margarita, subimos a Cayo Cangrejo para contemplar el bellísimo mar Caribe y el arrecife de coral. Careteamos entre tortugas, nos acercamos a los 3 Hermanos (zona protegida porque en los cayos habitan un grupo de fregatas) y nos soltaron en el arrecife a hacer snorkel. Reconozco que aunque era precioso el momento, ver las formaciones de coral, los peces,… yo estaba totalmente en tensión esperando la llegada de tiburones. Por tres veces casi sufro microinfartos al notar que algo tocaba mi pierna. Por supuesto no era ningún tiburón, sino Gabi que nadaba a mi lado.

Al día siguiente Gabi buceó entre tiburones y yo me dediqué a caminar e investigar la isla un poco. Por supuesto los lugareños o me miraban con cara de “qué hace la tía esta andando por ahí” o se ofrecían a acercarme a algún lugar en moto. Creo que nadie me creyó cuando decliné sus ofertas y les dije que era que me gustaba caminar. Este paseo me permitió conocer más la isla, conocer a un chico que había nacido en las islas Caimán, a una pareja de Bogotá y terminar bañándome en Almond Bay.

Si vais a Providencia y  os gusta comer pescado, es una obligación y  un placer ir a la Playa Sur  a comer al Divino Niño y pedir un mixto. Eso sí, recomiendo ir sin haber desayunado, porque te ponen una bandeja de pescado con arroz, ensalada y patacones que no hay manera humana de acabarse. De hecho, nos llevamos las sobras para cenar y tampoco acabamos todo.

Nos tocó regresar a San Andrés. Esta vez el viaje no fue tan traumático, pero al llegar nos encontramos con que la isla (salvo las zonas más turísticas) llevaba sin luz todo el día. Así que nos tocó patear bastante para encontrar un sitio donde cenar y otro donde comprar algo para el desayuno del día siguiente. Esta vez nuestro alojamiento estaba muy limpio y mejor ubicado.


Con las esperanzas puestas en nuestra excursión del día siguiente, nos levantamos temprano y nos acercaron al lugar donde salen todas las excursiones (además del famoso catamarán). Mi consejo, haced cualquier otra cosa, pero no la excursión que hicimos nosotros. Todo el mundo la hace, y ése es el problema, que está toda la isla en los mismos sitios. Primero en Jonhy Cay (un cayo muy pequeño que terminará hundiéndose algún día con tanto turista) donde te dejan para que comas pescado y bebas coco loco a precio de turista. Después te llevan al Acuario. UN lugar muy bonito para vez peces y mantas raya, si no fuera por las miles de personas hacinadas, os juro que casi pisaba la gente a las mantas. Para colmo de males, cogen, literalmente, a la mantas para que la gente se saque fotos con ellas (me puse enferma sólo de verlo) y de remate nos cayó el tormentón del siglo encima, nos caían rayos alrededor y no se podía ver ni rastro de la isla de San Andrés, que la teníamos al lado. En el único sitio donde se estaba bien era debajo del agua. De la excursión me quedo con la experiencia de que pude hacer snorkel con mantas por primera vez en mi vida, pero sin tocarlas, ni darlas de comer.


RINCÓN DEL MAR – RINCÓN DEL FRANCÉS

Escrito por rakelclemen 31-10-2017 en Rincón del Mar. Comentarios (0)

Por recomendación de un amigo acabamos a dos horas y media de Cartagena de Indias, en un lugar llamado Rincón del Mar, más en concreto en el Rincón del Francés. Llegar fue una Odisea en minibús y en moto, pero mereció mucho la pena. Llegar hasta allí me recordó a cuando vivía en Loma Alta, en Bolivia. Las casas pequeñas, las vacas, el verde… y llegar al destino supuso llegar a otro lugar tranquilo, con gente muy amable y una playa, que sin ser paradisiaca, tenía todo lo que necesitábamos para descansar.

Además de bañarnos en sus tranquilas aguas, hablar con gente que vivía allí y gente que estaba de paso como nosotros, disfrutamos de su rica gastronomía (peces y langostas recién capturados) y de dos excursiones inolvidables. La primera fue nocturna, ya que era para ver y nadar entre el plancton luminiscente. Para ello nos adentramos en barca, y un poco andando entre el fango (ya que había que arrastrar la barquita) a una ciénaga. Allí echamos el ancla, y entre risas y no risas nos tiramos al agua (personalmente con un poco de miedo, por no saber qué habría en el agua). Empecé dando grititos, ya que cada vez que me tocaba algo entraba en modo pánico, pensando que sería algún animal y siempre resultaba ser la pierna de alguien nadando a mi lado. Finalmente me relajé e hice el ángel, di vueltas y no paré de moverme, fascinada al ver cómo brillaba todo con mis movimientos. Ha sido una de las experiencias más curiosas que he tenido en mi vida. No se puede plasmar el foto, porque cada vez que se ilumina algo ya deja de verse el plancton, pero eso lo hizo aún más interesante.

La segunda excursión fue al archipiélago de San Bernardo, formado por un conjunto de islitas paradisiacas. Nosotros visitamos la de Múcura, y vimos otra islita que se llama Santa Cruz del Islote.Esta última en realidad se trata de una construcción hecha por el hombre, y es de la isla con mayor densidad de población del mundo, aunque afirman que el censo no está bien hecho y realmente no vive tanta gente como dicen en la pequeña isla. Como no sabíamos cómo era el plan, pues no bajamos a visitarla. Nos quedamos en otra islita, por si la gente quería comer, de la que no recuerdo el nombre, pero a la que llegaron bastantes barcos con turistas. Nosotros nos apartamos hasta ese pequeño  paraje que se puede ver en la fotografía. Caribe puro.


Abandonar Rincón del Mar para acabar en una ciudad tan fea como Cartagena de Indias, nos daba muchísima pereza, pero no nos quedaba otra si es que queríamos seguir conociendo Colombia. Así que después de vivir una aventurilla (discusión del conductor con los chicos que nos consiguieron el transporte porque nos habían cobrado de más), conseguimos autobús hasta la famosa ciudad de Cartagena.


TAYRONA Y ALTA HUAJIRA

Escrito por rakelclemen 31-10-2017 en Tayrona. Comentarios (0)

Fuimos a Tayrona desde desde Santa Marta con Udo y Mónica (una pareja con la que hicimos el tour a Ciudad Perdida. Me encantó el recorrido hasta Arrecifes y La Piscina. NO llegamos a Cabo San Juan porque se nos hacía tarde (recomiendo quedarse al menos una noche para poder conocer todo el parque y sus playas tranquilamente). Careteamos (hicimos snorkel) y vimos peces muy bonitos entre unas rocas. Aquí es especial todo, desde que empieza el camino, en el que te encuentras monos, lagartos, pelícanos, una especie de nutria,…aunque lo que realmente me impresionó más fue encontrarnos esas rocas gigantes que invaden y caracterizan todo el parque. Yo me pasé todo el día preguntándome, ¿Porqué éstas rocas? ¿Por qué aquí y no en otro lugar? Es un lugar imprescindible para visitar, eso sí caminando arriba y abajo con barro nos hacía sentir que seguíamos en Ciudad Perdida.

De vuelta a Santa Marta nos encontramos con una muy buena amiga que vive ahora temporalmente en Medellín y comenzamos, durante una semana, nuestras andanzas los tres juntos. Que por cierto, comenzó con una conjuntivitis de Gabi, siguiendo una cadena que había comenzado en nuestro grupo de Ciudad Perdida y que nos terminó tocando a todos.

Un tour de tres días (nosotros queríamos cuatro, pero no salió grupo) tuvo la culpa de que nos tuviéramos que levantar a las 4 de la mañana (llevábamos esos horarios de las 5 de la mañana, casi desde el primer día de las “vacaciones”) para ir hasta Riohacha, que era desde donde salen los tours a La Huajira. El primer guía que tuvimos, que era muy personajillo, nos estuvo contando muchísimas cosas sobre la zona, sobre le contrabando de petróleo, cómo está llegando muchísima gente de Venezuela (hace frontera Colombia con este país es esta zona), dónde se comía la mejor carne,… Nuestra primera parada fue en Cabo de la Vela. Comimos allí, dejamos nuestras cosas allí, ya que era donde íbamos a hacer noche.

Por la tarde visitamos el Pilón de Azúcar, el faro y nos bañamos en la playa. Cabo de la Vela casi ni lo disfruté, porque ya volvimos al anochecer al hospedaje, pero no me llamó demasiado la atención. El camino era todo desierto, con muchísima basura de plástico (enganchada en sus arbustos y acumulada por el efecto del viento y el tiempo), pasamos muchos puestitos de artesanías wayuus y poblados muy pobres, donde a cada ratito se te acercaba algún niño a pedir dulces o que le compraras algo. Lo que más me gustó de esta zona (Además de la deliciosa comida) fue el proyecto tan bonito que tienen de conservación y defensa de la cultura Wayuu, así como del empoderamiento de la mujer en las comunidades.

Tienen una pequeña biblioteca, donde se pueden leer libros de entretenimiento y de la historia de los Wayuus. Pudimos comprar una revista en la que cuentan la dura situación que han vivido y sigue viviendo esta comunidad (situación de vulnerabilidad, de discriminación, sumados a una gran sequía y pobreza) con la que se apoyaba comprando 3 hilos (que utilizan luego para tejer, entre otras cosas, sus famosas y preciosas bolsas).

Antes de dormir vimos una proyección Wayuu (todas las noches ponen una distinta, con el fin de acercar su cultura a todas las personas que visitan el lugar). En este caso trataba el tema de la menstruación en las mujeres. No me quiero alargar demasiado, pero con la primera menstruación la mujer se tiene que quedar encerrada en casa (mínimo un mes, aunque en la peli la chica se queda encerrada sin que la vea nadie más que las mujeres de la familia, durante 8 años.) Durante este tiempo les enseñan a tejer, les rapan el pelo y cada vez que tienen la menstruación no pueden moverse en 5 días del chinchorro (hamaca grande).

El segundo día continuamos el viaje hasta Punta Gallinas. Fuimos en barca, porque el camino estaba mal por las lluvias. Mientras esperábamos el transporte han llegado los pescadores con langostas, caracolas, mantas y todo tipo de pescado, incluso una morena. Limpian allí mismo el pescado, los restos se lo comen los animales de la zona. Nos dijeron que ese día habían cazado 60 tiburones aunque nosotros no hemos visto ninguno.

Durante le camino paramos en una islita donde vive un grupo de wayuus. Allí también había mucha basura, estuvimos recogiendo toda la encontramos y la llevamos en la barca hasta Punta Gallinas. Antes de llegar pasamos por la zona de los manglares, hemos visto flamencos pequeños (los que no han podido emigrar por su corta edad) y después desembarcamos en ese espectacular lugar, de vistas impresionantes y paz absoluta. Un lugar para quedarse durante un tiempo, simplemente, a estar, a disfrutar de la naturaleza, de la paz. Lástima que casi no paramos en el lugar, apenas para comer y dormir, porque por la tarde nos llevaron a ver el faro (el punto más Norte de Sudamérica) y a las Dunas de Taroa, pasando Bahía Honda y Bahía Hondita.

Me dio tanta pena irme de allí al día siguiente. Me habría quedado allí una semana, sin cobertura, sin coches, sin gente, sólo escuchar el viento y ver los manglares a lo lejos… En vez de eso, nos pasamos todo un día de vuelta en barca, coche, otro coche para llegar hasta Taganga, bajo un puro serenito (como le dijo el conductor a Gabi, cuando le preguntó si cubrirían nuestras mochilas que se mojaban bajo la lluvia). Así que bajo puro serenito acabamos una de las excursiones más bonitas que he hecho nunca. 


TEYUNA, LA CIUDAD PERDIDA

Escrito por rakelclemen 31-10-2017 en Teyuna. Comentarios (0)

Hemos visto tantos lugares en Colombia, tengo tanto para contar, que estos días lo he estado dejando “para cuando tenga tiempo y ganas”. Tres días después de nuestra vuelta, me encuentro tecleando y echando memoria de mis recuerdos y apuntes. No voy a seguir un orden cronológico, sino más bien sentimental, así que no puedo dejar de comenzar más que por La Ciudad Perdida. Hay muchas ciudades perdidas en el Mundo y no tengo ni idea cómo será llegar a las demás, pero alcanzar ésta es toda una aventura.

La ciudad fue encontrada por la familia Salveda, que se dedicaba a buscar tesoros y terminaron encontrado este gran tesoro. En el año 85 se abrió la ruta al mundo, en 2003 tras el secuestro de 11 turistas se volvió a cerrar la ruta. No recuerdo en qué fecha volvieron los turistas a recorrer el camino. En un comienzo el trekking tenía una duración de 9 días, actualmente sólo se hace un recorrido de ida y vuelta que dura 4 días ó 5, según cada cual quiera repartir las etapas. Que nadie piense que nadie sabía de la existencia de este lugar hasta que llegó la familia Salveda, aquí habitan cuatro grupos de indígenas, aunque en esta ruta se encuentran principalmente Koguis y Wiwas.

Podría contar cientos de historias sobre ellos, sobre sus costumbres, sobre su idioma, pero probablemente me dejaría cosas o no las relataría con gran exactitud. Lo que sí puedo decir es que tuvimos la oportunidad de conocer al Mamo de la ciudad perdida, cuyo nombre “español” es Romaldo.  Nos entregó unas manillas bendecidas por él y nos dijo unas palabras. También tuvimos la visita de un “terrateniente” que vino a contarnos algunas de sus costumbres, como su idioma que es hablado, la diferencia en la forma de vestir de chicos y chicas (influenciada por la colonización), algunas de las funciones del mamo (jefe espiritual), en qué consiste el poporo de calabaza del que no se separa ningún hombre desde que cumple los 18 años y unas cuantas historias más.

Respecto al recorrido decir que lo hace bastante gente (y eso que nosotros hemos ido en temporada baja), que entre la ida y la vuelta se recorren unos 52 kilómetros. La mayoría de la gente lo hace andando, pero hay quien termina el recorrido en moto o en mula. Estoy bastante acostumbrada a caminar, de hecho me encanta y reconozco que hubo momentos en los que me resultó duro. El barro, la humedad, el calor, cruzar el río Uritaca en más de una ocasión (Antes de llegar a la Ciudad Perdida me cubría el agua por encima de la cadera) y caminar con una mochila que cada vez pesa más y con la ropa completamente calada de sudor y humedad es duro, pero a la vez muy gratificante, tanto cuando llegas arriba, después de subir casi 1200 escaleras, como cuando regresas al punto de partida donde sabes que te esperan un suculento plato de comida y una ducha fría.


Actualmente sólo podemos ver  el 30% de lo que fue la ciudad (lo que han podido reconstruir los arqueólogos) y en ella sólo viven el Mamo y su familia. Allí están esperando la llegada de los turistas, están allí tranquilos. Un poco más arriba están los arqueólogos y arriba del todo, los militares, para velar por la seguridad de los turistas. A pesar de haber tanta gente se trata de en un lugar tan espectacular, un lugar con tanta energía (con razón cierran todo septiembre los tours, para poder purificar el lugar) que dan ganas de quedarse allí sentada durante horas. Sin embargo, toca regresar al campamento para recorrer lo ya andado y poder regresar a casa (o en nuestro caso a Santa Marta)...Al día siguiente nos esperaban Tayrona y una conjuntivitis.