MIS VIAJES

DETALLE DE MIS AVENTURAS

rakelclemen

CAMINO LEBANIEGO

Escrito por rakelclemen 19-05-2017 en LEBANIEGO. Comentarios (0)

DE SAN VICENTE A ESTRADA

El viernes, agotada después de la semana de curro y cursos, Nora y yo llegamos por la tarde a San Vicente de la Barquera. Conseguimos alojamiento en una casa rural, en modo pijo. La cuestión es que luego descubrimos que había un albergue de peregrinos a tan solo un kilómetro. Lo vimos ya llegando, cuando hasta nos habían llamado la pareja del alojamiento para ofrecerse a recogernos en coche porque se acercaba una buena tormenta. Oferta que declinamos. Así que al final nos tocó usar capa de lluvia y yo llegar calada casi hasta la cintura, pero eso sí dormimos de lujo.

DE ESTRADA A CICERA

Después de desayunar y de que el hombre del alojamiento dudara de que pudiéramos llegar hasta Cicera nos pusimos otra vez en camino. Hicimos una mezcla de ruta corta con la larga, por lo que no sabemos ni cuantos kilómetros hicimos ni por dónde fuimos exactamente. La cosa es que hicimos parte de carreta y parte del paseo fluvial. Pasamos por un pueblito con mucho encanto, La Fuente, donde tuvimos la suerte de conseguir provisiones ya que no encontramos tiendas en todo el camino. Otro dato importante es que las fuentes escasean todo el tiempo, así que hay que aprovisionarse bien de agua y comida.



Nuestra idea era quitarnos unos kilómetros de la ruta del día siguiente y pasar uno de los tres coyados. Así que subimos a Burio, pero bien subido y bajamos a Cicera. Cicera es pequeño, tiene albergue de peregrinos y, afortunadamente, un bar donde cenar caliente huevos caseros (deliciosos). El chico nos pudo explicar por dónde ir al día siguiente, ya que queríamos acortar por Castro sin pasar por Cabañes.

DE CICERA A SANTO TORIBIO Y VUELTA A POTES

Salimos de Cicera sin haber entendido nada: “Que yo le entendí al chico que pasada la parada todo recto” ”Pues yo que el río quedaba a la derecha” “Yo juraría que no era por el desfiladero…” Total, que preguntamos a una señora madrugadora y nos tragamos todo el coyado, que nos habían dicho que no hacía falta ir por ahí. Todo monte, barro, piedras que se hundían en el barro…pero un paisaje espectacular y un bosque de cuento de hadas. Parecía que en cualquier momento saldría Campanilla volando o uno de los lobos de los que nos habían hablado.

Pensamos que lo peor había pasado, pero nuestra opción de ir por Castro no fue la de “Chicas, sin pérdida, todo recto junto al río.” A ver, el río estaba, pero abajo y lo de recto… más bien fue cuesta arriba por un camino de cabras, por roca y zonas de desprendimientos. Cuando pasamos esa hazaña, en la que nos seguía otro peregrino, conseguimos llegar a una casa donde pedimos agua. Al acabar esa parte de la ruta vimos un cartel que avisaba de lo peligroso del recorrido. Estaba bien saberlo una vez hecho…



Terminamos en Potes por un caminito bastante llano. A pesar de lo bonito que es Potes nos agobió el ruido de coches, autobuses, gente,… Después de esos dos días de vacas, cabras y ovejitas y tanta paz, el contraste se nos hizo más cuesta arriba que los coyados que habíamos sorteado.

Tras reponer fuerzas con un helado subimos a Santo Toribio, un monasterio enorme. A las 4 abrieron información y sobre esa hora era la “visita guiada” donde te enseñan y explican la historia del relicario que contiene trozos de la cruz de madera donde crucificaron a Jesús. Creerse que fue la de Jesús ya está en la fe de cada uno, pero que tiene 2000 años lo demostró una prueba de Carbono 14 que le hicieron en Madrid. Así que orgullosas recogimos nuestro “título” y volvimos a bajar a Potes para coger el bus de vuelta a San Vicente de la Barquera.

Acabamos con los pies doloridos, la espalda contracturada y una sudada del quince, pero satisfechas de haber llegado y agradecidas por haber visto uno de los paisajes más hermosos de nuestras vidas.


MADEIRA, LA ISLA VERDE Y CON CUESTAS

Escrito por rakelclemen 02-05-2017 en Madeira. Comentarios (0)

Me ha encantado Madeira, y no lo digo por decir, es un sentimiento real. Tienes casi de todo cerca, digo casi, porque si te gustan las playas largas de arena y caminar en llano, ésta no es tu isla, pero si disfrutas del verde, de la naturaleza, de la montaña, del mar salvaje, de la buena gastronomía y de la paz, ésta sí es tu isla.



Nos alojamos en Funchal, en un apartamento grande y a muy buen precio y de ahí nos movimos en el coche de alquiler por toda la isla. Nuestro primer día entero allí nos movimos por la autovía en la que se atraviesan decenas de túneles y rotondas, así como por sus características carreteras estrechas, en curva y muy empinadas… Hicimos andando la ruta de las 25 fuentes, nos bañamos en las piscinas naturales de Porto Moniz y nos perdimos por sus carreteras, lo que nos permitió visitar otros lugares como Calheta.

El segundo día nos quedamos por la mañana en Funchal, para sacar los billetes del ferry a Porto Santo, subir en funicular hasta Monte para luego bajar en cestos. Sí, una turistada enorme, pero muy divertida que consiste en montarse en unos cestos y que dos hombres tiren del cesto, en unos casos, o frenen, en otros, con sus zapatillas mientras tiran de unas cuerdas que sirven como volante, para evitar que te tragues alguna pared…. Como los cestos, a pesar del precio, no te bajan hasta la parte céntrica de Funchal, pues luego nos tocó bajar desgastando nuestras suelas por la carretera, andando, hasta el mercado de frutas y flores.

Regresamos al coche y otra vez aventura sobre ruedas por calles cortadas, stops imposibles…todo para llegar a Santana, donde se pueden vez las casas típicas de Madeira con los techos de paja. Fuimos volviendo a casa y tomamos algo en una terraza de Machico y terminamos cenando de maravilla en Camara de Lobos, donde, por supuesto, por fin pudimos probar la famosa Nikita (una bebida cuya base es el helado de piña y la piña…una delicia para el paladar).

El tercer día disfrutamos por Porto Santo, otra islita pequeña que queda a dos horas y media de Madeira. Aquí hay una playa de arena de unos 9kms que en un principio decepciona por su paisaje pero que termina enamorando por el encanto del pueblo, donde además de poder ver tienditas, catas de vinos, se puede visitar la casa donde vivió Cristobal Colón antes de empezar su viaje hacia América. Un día de tranquilidad nos vino muy bien a las cuatro, después de tanto viaje, excursión y caminar.

Nuestro último día en Madeira lo aprovechamos para visitar el jardín botánico de Funchal. Una pena que se quemaran las orquídeas en un incendio que hubo muy grande hace un par de años (si no me falla la memoria). Así que el jardín es bonito, pero se queda un poco pobre sin las orquídeas. Nuestro último reto fue encontrar una gasolinera antes de devolver el coche en perfecto estado en el aeropuerto. Yo tenía tantas ganas de devolver el coche después de esos cuatro días locos conduciendo, pero también me apenaba irme de una isla con tanto encanto.

Los detalles sobre carreteras sin salida, dinero retenido, semáforos en rojo y sirenas, el baile del zaunka zaunka, la imagen de San Juan Bosco Ronaldo y tantas anécdotas que tanto me hicieron reír, incluso en momentos en los que pensé que sería imposible que me riera, me los guardo para mi memoria y nuestro próximo encuentro. ¡Grande Madeira y su gente! ¡Grandes las amigas con las que he viajado! Mil veces gracias por esta nueva oportunidad de conocer otro pedacito de este hermoso planeta.


9 DÍAS DE VOLUNTARIADO EN ATENAS

Escrito por rakelclemen 06-03-2017 en Atenas. Comentarios (0)


Me resulta complicado explicar una realidad tan compleja como la que se está dando en Grecia con la crisis de refugiados en una entrada de blog, así que me limitaré a contar un poco qué es lo que hemos y qué es lo que no hemos hecho estos días en Atenas.

El primer día visitamos el Squad Jasmine, a las 11h que es cuando dan el desayuno a los niñxs. Como no hacía falta nada más nos invitaron a regresar por la noche, ya que tenían una actividad de ir a la bolera con los más jóvenes. Así que por la noche nos unimos a la actividad de los bolos, lo que nos permitió entrar en contacto con otros voluntarios y algunas de las personas alojadas en los Squads.

A Jasmine volvimos días después a una actividad con mujeres que había planificado una voluntaria que da clases de inglés allí. Así que yo que no me maquillo casi nunca, ni me pinto uñas tuve la oportunidad de ser cuidada y mimada por una de las chavalas del Squad. En esa oportunidad vimos el rechazo de una mujer a salir en fotos por temor a represalias por parte de su marido. Se entiende ese miedo cuando tu situación es considerada ilegal en un país en el que ni si quiera quieres estar. Nos contó que además de los tres niños que veíamos allí, tenía otro hijo más mayor al que mató una bomba. Lo contaba con calma, como si ya hubiera asimilado todo el dolor, ese dolor que no puedo llegar a imaginarme.

También visitamos el City Plaza, un hotel bastante decente donde conviven refugiados con un grupo de voluntarixs residentes allí. Aún con sus carencias, sus dificultades y la complejidad de convivir en un lugar que no quieres, con gente que no has elegido y en una situación tan precaria, es con diferencia uno de los mejores Squads (tienen su cocina, duchas con agua caliente 2 horas al día, está limpia la zona común…) Allí es casi un lugar de reunión de voluntarixs, en la cafetería, donde puedes tomarte un café, un té o un zumo de naranja. Con ellos tuvimos la oportunidad de compartir medio día de comida y volar cometas, una tradición griega para el primer lunes de Cuaresma, lo llaman el Clean Monday, porque se suele comer pescado y nadie come carne, en un país donde uno de los ingredientes que no falta es la carne.


El domingo tuvimos la oportunidad de ir a Thermopyles, donde tuvo lugar la batalla espartana tan famosa que se vio filmada en la película “300”. En ese lugar situado a 2 horas en coche de Atenas y unos 6 peajes de distancia hay unas aguas termales que tuvieron en su momento dos hoteles que fueron afectados por la crisis y abandonados. Allí ahora se asienta un campo de refugiados que depende del Estado. Hasta ahora la comida les llega de catering, y el gobierno les suministra agua, leche y otros elementos de primera necesidad. La gente que vive allí se queja de su situación, no pueden comer lo que quieren, no les llega toda la ayuda, dicen que pasan frío por las noches… Allí vimos muchos niñxs con los que estuvo jugando un grupo de voluntarixs noruegos con los que fuimos a repartir algo de material que habían recolectado. En Thermopyles hay una escuelita funcionando y hay atención médica todos los días de la semana.

Donde más voluntariado hemos hecho ha sido en el almacén de Elliniko. Es un almacén compartido con el gobierno. En la parte que gestiona el equipo de voluntarios hay gente trabajando siempre organizando los palés y cajas que llegan y clasificando todo para poder distribuir. Los ojos se salen de las órbitas al ver la cantidad de cajas de ropa que hay allí, un trabajo descomunal de envío y de recibo. La sección de comida se ve pequeña al lado de las montañas de cajas de ropa aún por distribuir. Nos quedamos un poco con una sensación de “esto es una locura”. Felizmente hay mucha gente individual y pequeñas organizaciones que van dando salida a todo ese material según la demanda que haya en los Squads y campos de refugiados. Apreciamos una falta de transporte para hacer llegar a todos los lugares la ayuda necesaria. Nosotros nos limitamos a doblar ropa y clasificarla por edades, almacenar las cajas,… Otros se encargaron del calzado, de las sábanas, de la comida,… cada uno tenía su pequeño lugar en el almacén y queda tanto por hacer…

Nos sorprendió descubrir una pista gigante de baloncesto donde se celebraron las olimpiadas en 2004, pero aún más descubrir que el lado del Gobierno hay cajas tiradas y montañas de ropa hechas montañas…aspecto desolado, de abandono pero custodiado por un guardia de seguridad las 24 horas del día.

No podía irme sin acercarme al campo de refugiados de Elliniko, del que todo el mundo hablaba pero al que no se puede acceder salvo que tengas permiso. Yo no conocí a nadie que hubiera estado dentro. Desde fuera vimos carpas de ACNUR, una ambulancia de Médicos sin Fronteras, y gente entrando y saliendo. Está todo vallado, pero con zonas abiertas. Así que la gente puede salir, a pesar de la vigilancia que hay, lo que no es tan fácil es entrar (supongo que por seguridad). Podríamos haber entrado pero tampoco me llevaba nada ver las tiendas extendidas en un antiguo campo de deporte donde malviven ahora un montón de refugiados afganos, poco me podía aportar y menos aún podía aportar yo, así que nos mantuvimos fuera de la cerca. Hay un grupo de voluntarias tratando de conseguir permiso para poder organizar actividades para los niñxs de allí, porque los días son largos cuando no tienes adónde ir y poco que hacer.

El sábado, nuestro último día por Atenas lo dedicamos a hacer compras con Dimitri (el conductor de SOS refugiados) en el mercado (kilos y kilos de pollo y de yogurt). Todo era un caos, los vendedores a gritos vendiendo sus productos, y la sección del pescado no desmerecía en gritos y ajetreo de gente. Allí fuimos a comprar sardinas para la fiesta de cumpleaños de uno de los voluntarios que colabora en el City Plaza.

Por la tarde fuimos distribuyendo, junto con Patricia, la ayuda a distintos Squads según la necesidad y también hicimos un intento de comprar un colchón para un chico Iraquí al que había robado su colchón al mudarse de Squad, pero todas las tiendas estaban cerradas. Acabamos el día y casi todas nuestras andanzas en Hope café, un proyecto de Kerrie, una gran mujer que lleva tiempo colaborando en Atenas. Terminamos haciendo una supercompra en un supermercado con el resto del dinero que nos quedaba para distribuir una cesta de productos básicos para 30 familias. La odisea de llevar dos carros que eran casi imposibles de mover por unas aceras en cuesta y todas rotas… no tiene desperdicio.

Haciendo balance de mi paso por Atenas puedo decir que he aprendido mucho, he escuchado muchas historias, no todas muy agradables, he visto que en todos los lugares hay gente con muy buena voluntad, pero también hay personas que se aprovechan de las situaciones precarias que les suceden a otros. La situación de los refugiados es injusta y alarmante, no se puede permitir que se queden atrapados en un país en el que ni si quiera quieren estar, no se puede permitir que los Estados se salten los derechos humanos. He intentado imaginarme la vida en un campo de refugiados, conviviendo en un pequeño espacio con cientos de personas, con la impotencia de querer moverme de allí pero no poder hacerlo por ser considerada una ilegal, imaginando que han matado a mis hijos o que han destruido mi casa,… y no puedo visionarlo, la verdad es que no puedo hacerme una idea real de lo que están pasando. La solución no está en enviar contenedores con ropa o comida, la solución está en la calle, en movernos, en protestar, en que los gobiernos cumplan con sus obligaciones, en que faciliten una vivienda o un lugar adecuado para esas personas, o al menos no se las tenga encerradas como si fueran delincuentes. Son personas como yo que buscan una oportunidad en la vida.

La cara amable de este viaje ha sido conocer a tanta gente solidaria y con ganas de cambiar las  cosas, gente que dedica su vida a esta causa que no se sabe cuánto se alargará en el tiempo. Tener unos anfitriones de primera en el piso donde encontramos habitación, Marcio, Sofia y su compañero de piso (Lorenzo) ha sido una suerte. Eran cada día un golpe de aire fresco y de risas al volver a casa. Con Sofía hemos aprendido un poco más sobre la situación que se vivió en Lesbos hace unos meses cuando llegaban decenas de barcas con gente a diario, un poco de cultura y gastronomía griega  así como la mejor forma de moverse en autobús por Atenas.

Atenas como ciudad es un espanto, es enorme, con edificios viejos, feos, tráfico caótico, motoristas sin casco, conductores sin cinturón, personas fumando en cualquier lugar, inexistencia del reciclaje,…es como si Grecia se hubiera quedado atrapada en el tiempo, lo que tiene su encanto pero a la par da sensación de desorganización.

Lo más bonito es la zona centro, la turística, donde se encuentra la Acrópolis, la zona de la Ágora Antigua o la Biblioteca de Adriano. Puedes encontrar restos arqueológicos en cualquier lugar, en el metro, en la entrada de un museo o de una cafetería,…la Historia está en todas partes, pero muy dañada y menos cuidada de lo esperado. Aunque le hemos dedicado poco tiempo a la cultura, madrugando se pueden visitar todos los lugares mencionados y alguno más… Nos quedaron los museos,… tal vez para otra ocasión… Quién sabe si volveré a este lugar que me ha provocado tantos sentimientos enfrentados de amor y rechazo a la vez, lo que está claro es que no me ha dejado indiferente nada de lo que he visto y vivido.


EN TANGA Y A LO LOCO Y OTRAS HISTORIAS PARA NO DORMIR

Escrito por rakelclemen 10-10-2016 en TANGA. Comentarios (0)


Por todos es sabido que tengo tendencia a que me sucedan cosas para que no me aburra pero es posible que esta vez me haya superado a mí misma. Empecemos…

Entre otras excursiones hicimos una chulísima en mi primer domingo allí con todo el grupo de voluntarios a un Hot Spring. Fue genial bañarnos en un lugar casi paradisiaco después de viajar en un dala-dala de alquiler con la música a todo volumen (y cuando digo a todo volumen quiero decir que retumbaba todo, incluida yo misma). Al final ir allí era sólo una excusa para pasar juntos un rato de diversión.  Poder fotografiar el Kilimanjaro con mucha claridad, ver por primera vez baobabs mientras Mariajo nos contaba su leyenda, o simplemente compartir un rato de risas con todo el grupo que en poco tiempo se iría reduciendo en número fue perfecto.



El Kilimanjaro (El techo de África) crea expectación, te dan ganas de verlo continuamente y cuando lo divisas entre nubes a lo lejos es una alegría. No sé si sería capaz de subir hasta su cima, y dudo que vaya a intentarlo nunca dado que una expedición se me escapa de presupuesto. Así que se nos ocurrió que tal vez podríamos hacer algo adaptado a nuestro bolsillo. Así que Ale, Gemma, Carol y yo fuimos hasta Marangu (desde donde se comienza la que llaman la ruta de la Coca Cola) con la intención de ver el Kili desde sus faldas. Puedo decir que la excursión mereció la pena mucho, vimos una cascada chulísima, bebimos una especie de cerveza de plátano que hacen en la zona y visitamos una cueva-tunel Chagga, por lo que aprendí un montón sobre una nueva cultura que desconocía completamente. Este grupo étnico tuvo muchos conflictos con los masáis a cuenta de las tierras y por ése motivo construyeron los túneles, para esconderse de ellos con sus familias y ganado. Todo interesantísimo, pero a las 5 de la tarde no había ni rastro del Kili, es más no llegamos a verlo hasta que estábamos en el dala-dala de vuelta a casa.


Mi última excursión fue de fin de semana con Ale. Nuestra idea era llegar a Pangani un pueblito de la costa que debe tener unas playas preciosas. Por hacer un resumen, porque nos pasaron tantas cosas que contar todo se haría demasiado largo, nunca llegamos hasta Pangani y tuvimos que quedarnos en Tanga. Y aunque suene a fracaso, el haber conseguido llegar hasta allí fue una hazaña auténtica. Tuvimos que coger un piki-piki desde el barrio donde hacíamos el summer-camp hasta la estación de buses. Como habíamos perdido el autobús a Tanga, el que nos vendió los tickets, Ale y yo fuimos en piki-piki hasta que llegamos hasta el autobús (creo que pocas veces he pasado tanto miedo en una moto). Como se nos hacía de noche tuvimos que dormir en Tanga y cuando fuimos al hotel que tenía en internet 4 habitaciones libres, descubrimos que estaba lleno. Pero como todo tiene solución en esta vida nos acomodaron un colchón en la recepción detrás de un sofá y todos tan contentos. Finalmente dormimos en una cama pues por lo visto había una habitación libre.




Al día siguiente no nos fue mucho mejor, ya que nuestra idea de llegar a Pangani la dejamos por imposible y nos quedamos en Tanga. La verdad que fue genial nadar en la playa (a pesar de las medusas gigantes) y poder tostarnos al sol durante un ratito. El atardecer fue impresionante y la cena que nos metimos en el cuerpo para rematar el día no tenía desperdicio. Todo esto mientras arreglaba el tema de mi vuelo cancelado para el día siguiente…

Por supuesto el domingo volvimos a perder el autobús pero esta vez lo pillamos en dala-dala. Otras ocho horas de vuelta para llegar hasta casa. Supongo que así leído suena a locura y pérdida de tiempo, pero la verdad que ha sido uno de los mejores fines de semana que he tenido este año. Llegar a casa me apenó un montón porque suponía el fin de mi viaje, hacer la mochila y poco más.

Sé que me he dejado a gente por mencionar en todo lo que he escrito: Martinha, Bakari, Sandra, Joscky, Eneko, Dhulla, Upendo, Juan y un montón de personas más que se han cruzado en este caminar por Tanzania. Sin cada una de estas personas, sin el paciente James, sin mi loquita Ale, sin mis médicas aventureras, sin ni mi feliciana Carol este viaje no habría sido tan especial. ASANTE SANA A TODOS Y TODAS, gracias por haber formado parte de mi vida y ojalá la vida vuelva a juntarnos pronto.


DE SAFARI POR NGORONGORO Y SERENGETI

Escrito por rakelclemen 09-10-2016 en Serengeti. Comentarios (0)


Prometo ser menos reflexiva en esta entrada… es que me he puesto muy pensativa en este viaje pero ahora toca hablar de mi experiencia increíble de cuatro días de safari. Primer apunte, Safari en suahili significa viaje, es decir, que si vas a ver el Kilimanjaro y alguien te pregunta qué tal tu safari no le respondas “¿Qué safari? Si no he ido a ver animales.” Vamos al lío que yo ya me desvío del tema. Pues con mis chicas doctoras (Vicky y Saray) me fui una vez más de aventura, esta vez veríamos a los masáis a lo lejos y veríamos de cerca a muchos animalitos.




Nuestro primer parque fue el de Tarangire, relativamente cerca de Arusha. Tarangire significa Agua de Facónero (El famoso Pumba del Rey león) y es el nombre del río que atraviesa el parque. Hacía un calor horrible allí, al ser temporada seca estaba todo realmente sin verdor, sólo los Baobabs con su apariencia de árbol invertido evitaban que todo fuera una llanura seca.

Tuvimos la suerte de ver jirafas masáis, elefantes, un león a lo lejos, ñús, antílopes, beduinos, avestruces, dikis-dikis, faconeros, numerosas aves, cebras,… Estaba en alerta continua buscando animales, para los animales más difíciles de ver (como es en el caso de los Big Five) se van avisando por las radios que llevan los guías.

Dormimos la primera noche en una cabaña muy cuca en Kiboko campsite, donde conocimos a una pareja de amigos que serían compis del safari durante dos días, y donde pudimos ver bailes tradicionales de la zona. Todo muy turístico, pero es que éramos turistas. Después de esa noche se acabó el lujo y pasamos a dormir en tiendas de campañas.

Al día siguiente nos quedaba un largo camino, primero se entra por el parque Ngorongoro para poder llegar al Serengeti (Tierra lisa que no acaba). En la entrada del Serengeti tuvimos que esperar porque hubo un problema con el tema del dinero para las entradas. En la comida nos atacaban unos pájaros que hasta ese momento me habían parecido preciosos, pero que desde ese momento pasaron a mi lista de “no puedo con ese animal”, a esa lista la llamamos las tres “los Small Five”.




En Serengeti cambió un poco el paisaje los antílopes nos recibían por todas partes, miraras donde miraras había manadas de ellos. Fuimos en busca del león, animal que conseguimos ver junto a un árbol, había una leona con sus crías, también vimos un leopardo y un guepardo a lo lejos. La verdad que el día terminó siendo espectacular, una luz increíble, la pena que tuvimos que montar la tienda rápidamente porque se iba a hacer de noche y nos iba a caer el diluvio universal… que ya era casualidad que no hubiera llovido ni un día y llueva el día de la tienda. Por supuesto la tienda tenía filtraciones y nos empezó a entrar agua. Finalmente, dejó de llover pudimos ir a cenar la deliciosa comida que nos preparó nuestro cocinero.

Todo habría sido perfecto, la luna llena a un costado, la comida deliciosa en la mesa,… El problema fue cuando empezamos a ver sombritas de animales…era la sombra de otro “Small five” y lo de small es sólo un decir, porque las ratas tenían un tamaño considerable. Así que eso aligeró mi cena y me fui más rápida a dormir. La noche la pasé bien pero nos tocó madrugar muchísimo para ver el amanecer y empezar a ver animales que madrugan más que los humanos.

La mañana fue increíble, maravillosa, disfrutar del aire en la cara mientras veía animales que sólo había tenido oportunidad de ver en documentales fue una de las experiencias más emocionantes que he tenido en mi vida. Vimos de todo…leones, leonas, hipopótamos, cebras, una leopardo con sus crías… ¡Impresionante!

Nos tocó despedirnos con mucha pena del Serengeti, pero teníamos que pernoctar en Ngorongoro para estar temprano en el parque al día siguiente. En el camping había un pajarraco gigante que se paseaba entre las tiendas, parecía un hombrecito disfrazado de pájaro. La anécdota aquí fue que al ir a la ducha se había inundado todo el baño, pero tuvimos la suerte de que había otro baño un poquito más lejos, así que el tema de aseo estuvo arreglado por ese día. Montar la tienda ese día fue una odisea, el cocinero tenía el mismo conocimiento de montar tiendas que yo…es decir, nulo…así que para cuando poníamos por un lado un hierro pues se salía otro y así estuvimos un buen ratito los cuatro montando la tienda en la que dormiría, o en mi caso mal dormiría aquella noche a cuenta del frío. Al estar más alto caía una especie de niebla heladora que me dio la noche y parte de la mañana. Pero todo tiene su recompensa y en Ngorongoro vimos búfalos (otro de los Big Five) y flamencos, una charca llena de hipopótamos,… Preciosísimo, poder ver todos aquellos animales juntos, la naturaleza en estado puro, como se suele decir.


 



Sólo pensaba todo el rato, que todo el mundo debería ver esto al menos una vez en su vida. Lo que me lleva a otro tema, lo de todo el mundo, lo de los motores, lo de los jeeps casi encima de los animales,… realmente sentí lástima por los leones, todos alrededor como paparazzis con nuestras cámaras, algunas cámaras que vi tenían unos objetivos tan descomunales que temí que sacaran un ojo con él al animal. Y de pronto te das cuenta de que como hemos pagado pues nos vemos con derechos, derecho a ver en primera línea a los animales, derecho a tener la mejor foto, a invadir el espacio vital de los animales. Que sí… que es un pastón el safari, que sí …que has ahorrado media vida para llegar hasta allí, que sí… que te vas a alimentar de tortilla de patata durante un año porque te has gastado dos sueldos en llegar allí, pues muy bien y ahí estamos, pero debería ser con respeto, que no hace falta verle los pelos de la nariz a cada animal por mucha ilusión que haga. Al menos no si eso supone un montón de motores haciendo ruido y coches moviéndose de un lado a otro para tomar la mejor posición. Y esto es una autocrítica, porque lo fácil es cargar la responsabilidad en el chófer, en el que arranca el motor… Pero estoy segura de que si no se hiciera así la gente protestaríamos, porque para eso hemos pagado. ..

Por lo demás, os invito a todos a que vayáis a Serengeti, o a cualquier otro parque en el que podáis hacer un safari y os dejéis contagiar por el espíritu aventurero de Félix Rodríguez de la Fuente, porque sinceramente si hay algo hermoso en este mundo es la naturaleza, la vida, los animales y los lugares que habitan sin influencia del hombre.